Ante todo, mucha calma

Desde que soy madre estoy asistiendo, un poco atónita la verdad, a una especie de competición para la que no me había preparado. Durante el embarazo lees y hablas con otras madres, un poco con la intención de saber lo que te espera. Y te preparas para las pocas horas de sueño, para los cambios de pañales, para la invasión de juguetes. En definitiva, para una verdadera revolución.

Pero algo que no me esperaba era la prisa y la presión constante para pasar de una etapa a otra lo más rápidamente posible.

Que vivimos en la sociedad de la inmediatez no es nada nuevo ni sorprendente. Que cada vez las novedades quedan obsoletas con más rapidez y casi no tenemos tiempo de actualizarnos es el pan de cada día. Pero que esta velocidad supersónica con la que vivimos, la hayamos trasladado también a la infancia, empieza a chirriar y mucho.

Prácticamente desde que coges a tu bebé en brazos empiezas a escuchar mensajes de todo lo que ya debería ser y no es. En cuanto al pecho “ya no debería estar tanto a la teta, ¿no?”. En cuanto al sueño “¿no debería ya dormir toda la noche?”. Tú te esfuerzas en explicar que son procesos madurativos que llevan su tiempo y que cada niño tiene su ritmo y es importante respetarlo. Pero entonces a los 3 ó 4 meses la cosa empeora y empiezan los “¿no toma ya cereales?” “mi hijo a esa edad ya comía hasta cocido” (mi bebé tenía 3 meses), “es mejor que le vayas acostumbrando ya a estar sentado”.

Otra vez te esfuerzas y explicas con mucha dedicación y mucha paciencia (o así te parece a ti) que la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia exclusiva hasta los 6 meses y que es mejor esperar a que los niños alcancen la posición de sentados por sí mismos cuando estén preparados. Que tienen toda la vida por delante para comer y para estar sentados o tumbados o como quieran y que ANTES NO ES MEJOR.

Después vienen los estímulos progateo, los “¿todavía toma teta?”, los andadores, tacatás y demás inventos. Y no para, por lo que parece, nunca. Hay un interés creciente en dejar el pañal cuanto antes, que socialice con otros niños, que monte en los columpios a los que ni siquiera alcanza. Y por supuesto, el que nunca falla, que duerma solo en su cama y en su habitación.

¿Por qué tenemos tanta prisa? Me resulta curioso porque, al mismo tiempo, no paras de escuchar otros mensajes que dicen que aproveches el tiempo, porque solo son pequeños una vez, y pasa volando. Sin embargo, nos empeñamos en que crezcan cuanto antes, adelantándonos a sus ritmos y necesidades, y exigiéndoles muchas veces cosas para las que no están preparados.

Calma. Cada vez más buscamos una vida slow que nos permita disfrutar y escapar del estrés. Pues a nuestro lado tenemos a unos pequeños grandes maestros de vivir el momento. Sólo hay que observarles atentamente, ponernos a su altura y saborear cada momento que pasamos a su lado.

Como decía María Montessori “cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. Ellos irán alcanzando sus metas por sí mismos si nosotros somos capaces de confiar en sus posibilidades.  

Arantxa

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