Por un biberón no pasa nada… ¿o sí?

Seguro que muchas madres que habéis elegido la lactancia materna para vuestros hijos, habéis escuchado muchas veces estas frases: “por un biberón no pasa nada”, “se queda con hambre”, “quizás no tengas mucha leche”, “aún no te ha subido o no es lo suficientemente buena”…

Ese famoso biberón de ayuda, que a veces te ofrecen incluso en el mismo hospital, es el culpable del fracaso de muchas lactancias.

Como mamíferos que somos tenemos la capacidad de amamantar a nuestros hijos, ¿o acaso cualquier otro animal necesita biberones? Imaginad cualquier animal que viva en libertad, si no pudieran amamantar a sus crías, muchas especies acabarían desapareciendo.

Para regular la lactancia son necesarias muchas horas “a la teta”, ya que a mayor succión mayor producción.

 

Desde que el bebé nace su madre ya tiene calostro, también llamado “oro líquido” por la cantidad de beneficios que les aporta. Podríamos decir que es como una primera vacuna que les damos a nuestros hijos cargada de defensas y anticuerpos.

Este calostro es suficiente para alimentar al bebe los primeros días. El estómago de bebé es tan pequeño como una canica, y el calostro es un alimento muy concentrado, que en poca cantidad cubre todas sus necesidades.

A partir del 3-4 día tendremos la famosa “subida de la leche”. Muchas mujeres la notan con un hinchazón de pechos e incluso le gotean los pezones, otras no lo notan tanto pero no significa que no tengan leche suficiente. De todos modos, cuando tenemos dudas sobre nuestra capacidad de amamantar es muy sencillo ver que los bebés estan bien alimentados observando lo siguiente:

  • El bebé tiene buen aspecto.
  • Moja pañales (entre 8 y 12 pañales diarios).
  • Hace deposiciones (de color amarillo, característico de la lactancia materna).
  • Coge peso todas las semanas. No debemos obsesionarnos, hay bebés que cogen 100 gramos y otros 300, lo importante es coger peso y no perder (salvo los primeros días).

Si se cumplen todos estos criterios, podemos estar tranquilas de que nuestros bebés están bien alimentados y sobre todo, no debemos agobiarnos.

Pasaremos por etapas en las que el bebé parece que no se sacia o incluso que parezca que rechaza el pezón y se tire hasta una hora cabeceando en el pecho sin “engancharse”. Esto se debe a las famosas crisis de lactancia.

Las crisis de lactancia son picos de crecimiento, en los que el bebé para aumentar la producción de la leche debe succionar más. Imaginaros una fabrica de productos navideños, unos meses antes de la campaña de navidad tiene que trabajar duro e incrementar sus recursos para abastecer la demanda del mercado. Pues los bebés funcionan igual, como van a necesitar más cantidad de alimento según vayan creciendo tienen que succionar más.

De aquí otra típica frase en las lactancias “te usa de chupete”. En realidad se llama succión no nutritiva y es necesaria para este incremento de producción.

‌De todos es conocido que la lactancia materna protege y refuerza el sistema inmunológico del recién nacido. Por eso su recomendación de que sea exclusivo hasta los 6 meses y complementario hasta los 2 años como mínimo. Pero lo que nadie suele contarnos es que se ha demostrado que la administración precoz e intermitente de biberones de fórmula durante la lactancia materna hace que el bebé tenga más probabilidades de presentar una alergia a la proteína de la leche. De ahí la importancia de concienciar y evitar que en los hospitales nos ofrezcan el famoso “biberón pirata”. No obstante, en los casos en los que realmente está suplementación sea necesaria se recomienda realizarse con leches hidrolizadas.

Con todo esto que os hemos contado esperamos que tengáis información suficiente para valorar si por un biberón no pasa nada o sí, ¿tú que opinas?

 

Rocío.

Asesora de lactancia eDuLacTa

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Deja un comentario

*