Cómo estamos viviendo nuestra segunda lactancia (1ª Parte)

Siempre había creído que las segundas lactancias eran mucho más fáciles. La experiencia y todo lo que aprendes con tu primer hijo se suponía una ventaja a la hora de afrontar de nuevo dar el pecho. Pero me estoy dando cuenta de que no siempre es así.

En mi entorno somos muchas las que fuimos madre por primera vez al mismo tiempo y hemos tenido también el segundo no tardando mucho. Muchas de estas mamás dieron pecho durante pocos meses por diferentes dificultades: crisis, grietas, mitos… y creía que en esta segunda oportunidad las cosas serían diferentes para ellas ya que la experiencia anterior las ayudaría a conseguir una lactancia más larga esta vez.

Sin embargo, lo que estoy observando es todo lo contrario. Y es que hay un factor que no estaba teniendo en cuenta y que yo misma estoy viviendo en mi segunda lactancia: tener un bebé a la teta muchas veces supone que el hermano mayor tenga que esperar para ser atendido. Y no siempre lo llevan bien, lo que dificulta la convivencia y la adaptación a la nueva situación ya de por sí bastante complicada.

Cuando tienes a tu primer hijo todo es nuevo y esto puede sobrepasarnos pero tienes todo el tiempo del mundo para dedicárselo a él en exclusiva. Puedes pasar horas con tu bebé a la teta y hacer eso de dormir cuando duerme tu bebé sin más consecuencia que una casa más o menos limpia. Pero cuando se trata del segundo, tu hijo mayor espera que sigas jugando con él, bañándole, acostándole, leyendo cuentos… como hasta ahora y ahí es cuando surge el conflicto porque todavía las madres no somos capaces de duplicarnos.

Y es cierto que está el padre que en estos momentos juega un papel fundamental, pero tampoco podemos dejar todo en sus manos porque nuestros mayores también nos necesitan a nosotras.

En estos casi tres meses que tiene ya la pequeña L he hecho de todo con ella a la teta. Jugar a la pelota (yo sentada en el sillón y mi hijo enfrente pasándomela), leer cuentos, peinar, desayunar, acompañar al baño… Dar la teta tranquilamente sentada en un sillón ha pasado a ser lo menos frecuente.

Por otra parte, como pasa con los niños, cada lactancia es diferente. Cada uno tiene sus ritmos y su forma de mamar y lo que te valía con uno puede que ahora ya no resulte. Mientras A se enganchó perfectamente cuando le ofrecí el pecho (a pesar de haber estado 15 horas separados) y nunca tuvo problemas con el agarre, a L tuve que guiarla para el primer enganche y el primer día tuve que echar mucha paciencia porque a ratos no lo conseguía y entraba en un bucle de lloro porque no me engancho y no me engancho porque lloro. Recuerdo pensar que si hubiera sido primeriza (y no hubiera tenido los conocimientos que tengo como asesora de lactancia) esta situación me hubiera desesperado.

Además esta vez me fui a casa con un bebé que no llegaba a los 2 kilos y medio (A pesó casi 4 kilos) y que dormía muy bien. Al ser tan pequeña y dormilona me daba miedo que se convirtiera en una “bella durmiente”, bebés (normalmente prematuros o muy pequeños) que duermen mucho y dejan de pedir por lo que se adormilan más todavía y no comen suficiente. Hasta que no superó los tres kilos la despertaba para comer si estaba más de 3 ó 4 horas durmiendo (haciendo muchos oídos sordos al comentario de “no pasa nada, dormir engorda”).

Y el remate fue cuando al tercer día me dijeron que estaba un poco amarilla. Hasta que no me lo dijeron yo no me había dado cuenta, pero desde ese momento, se me hacía cada vez más evidente.

Y ahí entró toda la sabiduría popular en acción: que la pusiera al sol, en la ventana… Y yo todo el día con la niña expuesta.

Lo cierto es que la ictericia del lactante es un proceso fisiológico momentáneo, que como explica Alba Padró en su maravilloso libro “Somos la leche”, es debido a que antes de nacer, los bebés tienen más glóbulos rojos en la sangre para obtener el oxígeno de la placenta, y que cuando nacen deben ser eliminados. La bilirrubina es el subrpoducto de la descomposición de estos glóbulos y se acumula porque el hígado del bebe, todavía inmaduro, no es capaz de trabajar tan rápido.

Lo único que nosotras podemos hacer es asegurarnos de que el bebé se alimenta correctamente. La exposición a la luz solar necesaria para eliminar los niveles de bilirrubina sería peligrosa y a través de una ventana no sirve de nada ya que la luz UVB necesaria no atraviesa los cristales.

En unos días la pequeña L recuperó su tono normal de la piel gracias a una lactancia establecida con éxito que también está siendo una experiencia muy intensa y emocional. Como todo lo que trae la maternidad, ¿no? 😉

Arantxa.

One comment

  1. Mercedes García says:

    Yo sólo tengo un peque de 3 años y casi 5 meses, y la verdad es que pensaba lo mismo que tú, que una segunda lactancia (en caso de producirse) sería mucho más fácil que la primera, donde una siempre parte de lo desconocido. Por eso está muy bien que las bimadres nos contéis vuestra experiencia, para no crearnos falsas expectativas a las que aún no lo somos y poder afrontar una hipotética segunda lactancia de una forma más realista.
    Ah, y enhorabuena por el blog, los planes en paralelo son geniales.

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