Cómo hemos pasado de triturado a entero con L

Hace unos meses, cuando estábamos iniciando la alimentación complementaria con L, escribí un par de posts de cómo saber cuando están preparados para comer y de cómo presentar los alimentos.

Como os contaba en ellos, yo le ofrecía la comida debidamente preparada pero aparte de algún chupeteo esporádico y de mucha experimentación (guarreo) no íbamos más allá. Siguió pasando el tiempo y la tranquilidad que tenía por estar en casa de excedencia empezó a ser cada vez más reducida.

L seguía sin comer, tomaba su teta eso sí, pero nada más. Además, cuando ingería algún trozo de plátano, pera, pan… daba una arcada, lloraba y ya no se lo volvía a meter en la boca.

Le ofrecí también purés cuando tocaban en casa y alguna papilla de frutas (con los alimentos que previamente ya estaban introducidos, aunque fueran con chupeteos), pero cerraba la boca y giraba la cara. No quería comer.

Con este panorama y el fin de la excedencia acercándose, un día que no había comido nada en todo el día, cuando llegó la noche le hice una papilla de cereales (sin azúcar y no dextrinados) y para nuestra sorpresa se la comió entera.

A partir de aquí y viendo que cogía la cuchara empecé a ofrecerle también papillas de frutas. En lugar de echar un montón de frutas y que aquello supiera a todo y a nada, se las hacía de dos frutas, una de ellas normalmente plátano, que era de lo poco que sabía que le gustaba.

Todas mis expectativas habían saltado por los aires. Al igual que le pasó a Rocío con O, después de mi experiencia tan maravillosa con el BLW con mi primer hijo, esto no me lo esperaba. Pero los hijos vienen a enseñarnos a soltar nuestras creencias y a aceptar la realidad. O a llevar la contraria, según como se mire 🙂

El caso es que como en todo, la máxima “sigue al niño” es aplicable también en la alimentación. Por muy fan que seas de un método de alimentación y sepas todas las ventajas que supone, no puedes obligar a comer según tus preferencias.

Por supuesto no me di por vencida y seguí ofreciéndole comida en trozos cada día. Y, en vista de que había empezado a comer, las papillas de dos frutas en unos días pasaron a ser de una fruta solo y cada vez menos triturada. Un poco aplastada con el tenedor y finalmente en trocitos pequeños.

Todo este proceso no me llevó más de 10 días. Introduciendo los cambios día a día muy progresivamente, pasamos de triturado a un “blw asistido”, en el que comía trozos aunque se los tenía que dar yo (en el método blw ellos son los que se llevan el alimento a la boca y deciden cuánto y cómo lo comen), siendo siempre muy respetuosa. Si cierra la boca o rechaza el alimento se acabó.

Con 8 meses ya comía piezas de fruta enteras, pescado, carne… Y a los 9 meses y medio, mi vuelta al trabajo ha podido ser con total tranquilidad, sustituyendo muy despacio las tomas de pecho por comida, para echarnos un poco menos de menos mientras estamos separadas.

No es una niña que coma demasiado. Tiene sus días y sus momentos. Pero va haciendo sus avances, creciendo y cogiendo peso. Y está aprendiendo a disfrutar de la comida sin presiones y con alegría.

2 comments

  1. Miriam says:

    Cuando hablas de cereales no dextrinados es porque se los haces tú? O existe alguna marca que ya vengan así preparados? Si los haces tú, como?

    • admin says:

      Hola Miriam! Hay dos marcas en concreto, Hipp y Holle que son sin azúcar y no dextrinados. Yo uso Hipp que la encuentro en Alcampo y Eroski.

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