Cómo superamos las crisis de lactancia

Como contamos en nuestra Guía para una Lactancia Fácil y Exitosa que podéis descargar gratuitamente, las crisis de lactancia son una de las dificultades a la que tarde o temprano nos enfrentamos todas las madres en nuestra lactancia materna.

Además, se trata de un problema que se puede hacer especialmente cuesta arriba porque no es algo como las mastitis, o las grietas, un problema físico que puedes describir y sobre el que es relativamente fácil encontrar información. Las crisis son un conjunto de comportamientos del bebé y/o síntomas de la madre generalmente desconocidas incluso por el personal sanitario.

Se consideran crisis o brotes de crecimiento a situaciones en las que el bebé parece no estar contento con la producción de su madre. Son momentos en los que las madres tenemos la sensación de “no producir suficiente leche”. En realidad es la manera natural que tiene el niño de adecuar la producción de leche de la madre.

 

Hay diferentes crisis a lo largo de toda la lactancia y dependiendo del niño. Tener información para saber cómo actuar marcará la diferencia. Hoy os hablamos de cómo nosotras las afrontamos y conseguimos superarlas.

Arantxa

Mi primera experiencia con las crisis de lactancia fue bastante temprana, sin embargo no fue hasta más tarde que supe que habíamos pasado por una.

Como contaba aquí, el establecimiento de mi lactancia fue fácil sólo teniendo que corregir el agarre. Mi hijo era un niño que mamaba mucho y muy bien, cogía peso según lo marcado y siempre encontraba consuelo en la teta. Pero a los 15 días aproximadamente, cuando llegaba la noche y tocaba la toma nocturna en la que solía quedarse dormido empezó a rechazar el pecho y a llorar.

En ese momento, te asaltan todos los miedos. No tengo leche suficiente, se está quedando con hambre o le pasa cualquier otra cosa y yo no soy capaz de saber qué. Madre primeriza con un bebé que no se engancha y no para de llorar… Os podéis imaginar.

Con mucha paciencia, después de paseos, brazos y más brazos, al final conseguía que se enganchara y dormirnos. El resto del día iba bien pero al llegar otra vez la noche, la situación se repetía. Y así fue durante 4 ó 5 días hasta que sin más, dejó de pasar.

Yo acudía al Taller de Lactancia de mi centro de salud y preocupada como estaba lo comenté con las enfermeras. La respuesta que obtuve fue: “son fases”, que ni me tranquilizó ni me daba pistas de cómo actuar. Como la situación se solucionó por sí sola, lo dejé pasar.

Pasó el tiempo y cuando mi bebé tenía un mes y medio más o menos, volvimos a vernos en la misma situación. Cabeceaba en el pecho y lloraba y lloraba sin engancharse, ya no sólo en la toma nocturna, también nos pasaba durante el día. Volvieron los miedos y las inseguridades pero ahora conocía una web muy buena sobre lactancia materna a la que acudí en busca de información y fue mi salvación.

En Alba Lactancia encontré toda la información que necesitaba sobre las crisis o brotes de crecimiento. Saber a qué te estás enfrentando, que es un proceso fisiológico normal y que en unos días pasará fue todo un alivio.

Así, cuando llegó la temible crisis de los 3 meses, que tantas lactancias se carga, yo estaba preparada. Sabía que mis pechos blandos no eran por leche insuficiente sino porque el mecanismo de producción había cambiado. Sabía que el aparente desinterés por el pecho de mi hijo venía de su nuevo desarrollo neurológico que hacía que su interés por el mundo fuera mucho mayor, y podía poner remedio buscando lugares tranquilos para nuestras tomas. También sabía que ahora la leche tardaba más en salir y que por eso nada más empezar a mamar se soltaba y lloraba, tenía que acostumbrarse a succionar unos minutos antes de que la leche saliera.

Contaba con que esta crisis era larga y con que de mi capacidad para afrontarla iba a depender que siguieramos con el pecho como yo deseaba. Aún con toda la información que disponía fue dura, así que entiendo perfectamente a todas las madres que se enfrentan a todo esto sin ningún apoyo y que tiran la toalla en este momento. Sobre todo, cuando el entorno no ayuda con sus biberones siempre dispuestos.

Pasaron las semanas y todo volvió a la normalidad. Como véis, al principio no me libré de ninguna, por suerte las siguientes pasaron desapercibidas, no iban a tocarme todas 🙂

Y cuando ya mi hijo cumplió 18 meses y prácticamente sólo mamaba para dormirse, de repente volvimos a encontrarnos como al principio. De un día para otro empezó a demandarla cada hora y media como cuando era un bebé y yo no sabía que había pasado. Me costó entender que se nos había adelantado la crisis de los 2 años y que en realidad lo que estábamos viviendo era una gran crisis de apego.

Habíamos entrado en la etapa del no y de la autoafirmación que requiere de un apoyo extra por parte nuestra y que ellos demandan a través del pecho. Necesitaba sentirse seguro para superar esta etapa. Una vez que lo entendí y fuí capaz de darle esa confianza superamos la que yo creo que fue nuestra última crisis de lactancia.

Rocío

Como todo el mundo sabe, no todas las crianzas son iguales, y tampoco todas las lactancias. Con M la lactancia fue muy fácil, tuve un parto buenísimo y desde el primer minuto de nacer se enganchó perfectamente al pecho. A pesar de nacer en la semana 37, pesó casi 3.100kg y tenía fuerza suficiente para mamar. Salvo las pequeñas grietas del principio hasta que corregimos el agarre, el resto fue perfecto.

Respecto a las crisis de lactancia de las que hablamos en la guía y que Arantxa os cuenta más arriba en todo detalle, nosotros apenas las sufrimos. Si es cierto que pasamos por épocas más demandante, en las que parecía que no se saciaba y no se separaba de la teta, y que sabíamos que era necesario para regular la producción e ir cubriendo sus necesidades a medida que iba creciendo. Pero no tuvimos, o al menos yo no recuerdo, esos cabeceos en el pecho, y esa especie de rechazo característico de las crisis de lactancia.

En cambio la de los 3 meses sí que la pasamos, sí que sentí que mis pechos habían cambiado, que ya no estaban tan llenos como antes, no notaba esas subidas de leche y estaban como blandos. Pero había leído bastante sobre lactancia y entendía que era “lo normal”, por lo que no me asusté y seguí confiando en la naturaleza para seguir amamantando a mi bebé.

En cambio con O todo fue diferente. También se enganchó al pecho desde el primer momento, pero era un bebé más pequeño, y con sus 2.350kg tenía menos fuerza para succionar, se quedaba dormida mucho tiempo, y hasta me costaba despertarla para que no pasara muchas horas sin mamar.

Al ser tan pequeña había que controlarla un poquito más, y era importante que no pasara más de 3 horas sin mamar, para evitar que pudiera tener una hipoglucemia, y fuera ganando peso poco a poco. Estaba en el límite de peso y ante cualquier dificultad me la dejarían ingresada en el hospital, y con un niño esperando en casa era lo que menos necesitábamos, así que insistí mucho para que comiera con más frecuencia, hasta que ella sola se fue regulando.

También fue más complicada la subida de leche, yo sí soy de esas mujeres que lo notan de una forma casi exagerada, los pechos se me llenan una barbaridad, se me ponen duros como piedras y me duele sólo de rozarme, en la cama no podía ni ponerme boca a bajo. Con las dos lactancias la sensación fue muy parecida, aunque creo que fue mayor en la primera, pero la segunda se hizo más difícil porque O no vaciaba ni siquiera un pecho en cada toma. Era una niña muy pequeña, con poca fuerza y un estómago muy pequeño, por lo que pasé unos días muy incómoda. Pero rápido la naturaleza hizo su trabajo y se reguló la producción a las necesidades de la pequeña.

A la semana de estar en casa, sufrimos la primera crisis, que normalmente coincide con los quince días, pero en nuestro caso se adelantó un poquito, imagino que al ser más pequeña los picos de crecimiento venían con antelación! jeje. Duró casi una semana, había tomas, sobre todo a partir de media tarde que cabeceaba en el pecho, se enfadaba pero no cogía el pezón, aunque se le metiera literalmente en la boca no se enganchaba. Hubo días que estábamos así una hora de reloj, se ponía a llorar como si no pudiera comer… ¡era desesperante!. Pero intenté mantener la calma, y con la teta fuera el tiempo que fuera necesario hasta que decidiera cogerla. Yo sabía que ella sabía mamar perfectamente, así que lo único que debía hacer era tener paciencia y dejarla a su disposición hasta que quisiera comer.

Al mes volvimos a tener alguna toma similar, pero no duraba tanto, ni tan poco fue tan larga en días, por lo que lo llevamos bien y hasta la fecha, con casi 2 meses con la lactancia de O va todo viento en popa!

 

Arantxa y Rocío

Asesoras de Lactancia eDuLacta

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