El concepto del continuum o el sentido común

La primera vez que me crucé con la crianza respetuosa fue cuando recién embarazada me dejaron el libro Bésame mucho, de Carlos González. Yo no había oído hablar de este señor nunca, pero el título prometía. A las 9 semanas de embarazo me dieron de baja por amenaza de aborto y me encontré en casa, sin poder moverme mucho y con muchas horas por delante. Así que cogí el libro a ver qué decía.

Yo defino a este hombre como el sentido común con patas. Todo lo que leía me parecía tan natural y tan obvio que no sabía cómo no había caído antes en ello.  Cierto es que tampoco me había parado mucho a pensar en temas de crianza. Vamos afrontando los retos que nos va poniendo la vida según van llegando.

Como decía, todo lo que leía resonaba dentro de mí y coincidía casi al 100% (es difícil estar de acuerdo en todo) con mi manera de pensar y sentir la maternidad.

Me encantó especialmente la parte de Porqué los niños son así en la que explica el comportamiento de los bebés según las características de los humanos como especie. Qué es lo esperable según nuestra naturaleza y no nuestra cultura.

Mi formación es de ciencias por lo que las explicaciones científicas a los problemas de hoy me parecen siempre muy reveladoras. Y en mi afán por seguir aprendiendo sobre crianza y conducta humana me crucé con Jean Liedloff y su libro El concepto del continuum.

Jean vivió varios temporadas en la selva sudamericana conviviendo con los indios yecuanas. Esta tribu llevaba la vida propia de una especie en su hábitat sin demasiados interferencias del exterior. Allí pudo observar como los bebés pasaban la mayor parte del tiempo pegados al cuerpo de su madre mientras ellas hacían su vida normal.

Pero lo más relevante de sus observaciones fue que eran personas felices, ante todo reían y disfrutaban de sus vidas en cualquier momento. Además, los niños se portaban muy bien, siendo aceptados en todas las situaciones sociales de los adultos, y nunca vistos como un estorbo como a menudo sucede en la cultura occidental.

El continuum humano

A partir de todas estas realidades que fue percibiendo Jean formuló su teoría del continuum.

En los últimos miles de años el hombre se ha ido alejando del estilo de vida al que la evolución lo había adaptado, destruyendo el sentido común que había guiado su conducta. El continuum humano sería la secuencia de experiencias que corresponde a las expectativas y tendencias de nuestra especie. Una de estas expectativas más importantes cuando un bebé nace es estar en brazos de su madre. Cuando estas expectativas no se cumplen, el bebé solo sabe que no se siente bien y lo expresa de la única forma que sabe, con el llanto.

En la experiencia evolutiva de nuestros antepasados no hay nada que haya preparado a nuestros bebés para que los dejen solos, ya sea dormidos o despiertos, y menos aún para llorar sin obtener respuesta de sus cuidadores.

Un bebé continuum, según lo que ella misma observó en los indios yecuana, es el que desde que nace está siempre en contacto con el cuerpo de su madre, y desde ahí va acostumbrándose a los sonidos, los movimientos, las luces, los ritmos diarios. Dispone del pecho de su madre para alimentarse según sus necesidades, de su piel para regular su temperatura y de la seguridad de saberse sostenido por un cuerpo vivo.

Pero esto no significa que las madres estén dedicadas a sus bebés las 24 horas, sino que incorporan a sus hijos en su actividad diaria. Un bebé aferrado a una madre que no se mueve, pensará que la vida es aburrida y lenta, al igual que un bebé tratado como si fuera frágil, acabará creyendo que lo es.

A partir de ahí, según sus necesidades vayan cambiando, el bebé lo irá expresando según sus impulsos innatos que serán correspondidos de forma natural por su madre, que estará preparada para recibirlos.

En el desarrollo de su teoría, Jean ilustra con muchos ejemplos el funcionamiento del continuum y cómo desde nuestra perspectiva occidental nos hemos ido alejando de él. Sin embargo, yo  creo que siguiendo nuestro instinto como madres y usando el sentido común (como hace Carlos González), nos podemos acercar e incluso alcanzarlo.

Para ello, en mi experiencia de crianza ha sido imprescindible el porteo. Primero el pañuelo y después la mochila ergonómica me han permitido ofrecer a mi hijo todo el contacto que necesitaba. Pero además, yo he podido, tal y como dice Jean, hacer más actividades de mi vida normal incluyendo a mi bebé y que él fuera descubriendo la vida sostenido por mi cuerpo.

Arantxa.

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Deja un comentario

*