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El papel de la infancia en la “nueva normalidad”

La crisis del coronavirus me ha llevado a una auténtica crisis de fe en nuestra sociedad en su trato y concepción de la infancia.

Todos asumimos como ciudadanos responsables y “obedientes” los primeros quince días que teníamos que quedarnos en casa. Pero unos más que otros. Yo podía salir a comprar, a sacar a mi perra, a sacar la basura… Y A con 4 años me preguntaba por qué yo sí y él no, y no tenía respuesta para él, nada más que yo también creía que era injusto pero que debíamos cumplir.

El tiempo fue pasando y esos primeros 15 días se convirtieron en 6 semanas en las que los niños y las niñas no pudieron pisar la calle, y en algunos casos como en el de Rocío y el mío, ni siquiera salir a un patio o terraza porque no tenemos.

Estoreta escribió en esos momentos un artículo en el que ponía de manifiesto el trato que se le estaba dando a los niños como ciudadanos de segunda, permitiendo y consintiendo cosas hacia ellos que jamás se nos ocurriría hacer a un adulto.

La indignación creció y tras un bochornoso primer paso del Gobierno, por fin nuestros hijos e hijas pudieron salir a la calle. Y no se disparó la curva ni se acabó el mundo como vaticinaron tantos día tras día.

Porque se nos ha repetido insistentemente que los niños y las niñas son súpercontagiadores, pero no hay absolutamente ninguna evidencia científica de ello, como de tantas otras cosas que nos han contado.

Parece ser que fueron los militares los que trajeron el virus a España y otros países de Europa en octubre tras los juegos paramilitares en Wuhan, y no he oído decir que los militares sean súpercontagiadores.

Porque todos somos personas. Sí, también los niños y las niñas. Aunque a esta sociedad parece que se le ha olvidado por completo. Una sociedad que no respeta a su infancia es una sociedad que desprecia su futuro. Al fin y al cabo, los niños y las niñas no producen ni toman cañas en los bares, no participan activamente en la economía sino es a través de sus padres, así que ¿para qué tenerlos en cuenta?

Ya nos movíamos en una sociedad en la que mayoritariamente los niños molestan y, durante toda esta crisis, no he dejado de escuchar a ma/padres deseando perder de vista a sus hijos e hijas (sentimiento que también es legítimo, como todos). En mi caso, tras la vuelta al trabajo después de tener a mi hijo y después a mi hija, siempre he deseado que llegara el fin de semana para pasar todo el día con ellos con tranquilidad. Y he sido criticada por ello en numerosas ocasiones, porque no tienes vida, porque tienes que tener tu propio espacio o hacer cosas de adulto. Mi respuesta siempre ha sido y es la misma, claro que tengo vida, tengo una vida con mi familia, con la que, por cierto, soy muy feliz.

Por eso, en esta situación de pasar 24/7 con nuestros hijas e hijos las familias que acostumbrábamos a pasar nuestro tiempo juntas hemos tenido ventaja.

Y quitando la incertidumbre y el miedo por la saturación sanitaria y la gran cantidad de muertos y de familias rotas, nos hemos sentido y estamos muy a gusto.

Pero ahora viene la segunda parte, la vuelta a la nueva normalidad. Y viendo lo que está pasando en otros países, cómo los niños y las niñas en el patio del colegio en Francia en cuadrados pintados en el suelo para que no interactúen entre ellos, miedo me da lo que nos depara el futuro en este país. Tengo claro que mi hijo no acudirá a un colegio ni mi hija a una escuela infantil en la que se vulneren sus derechos fundamentales y se les trate como apestados.

Medidas de seguridad y de higiene, por supuesto que sí. Medidas vejatorias y humillantes, ninguna. Creo que los ma/padres debemos ser firmes en esto, y al igual que hicimos presionando para terminar con el encierro de nuestros pequeños y pequeñas, cada una desde nuestra parcela, debemos luchar cada injusticia con la que nos encontremos.

Porque estamos construyendo una nueva forma de estar en el mundo, y es nuestra responsabilidad que sea amable y justa con los niños y las niñas. Al menos podremos decir que el coronavirus nos obligó a replantear nuestra vida, tener en cuenta a la infancia y ponerla en el lugar que se merecía.

Arantxa.

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