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Empezamos con el BLW…Y no quiere comer

 

Está claro que cada niño es un mundo, que lo que funciona para uno no funciona para otro, pero hasta que no lo vives en tus carnes no te imaginas cuanto diferentes pueden llegar a ser dos hermanos.

Como ya he contado muchas veces, para mí el BLW es maravilloso y con mi hijo mayor tuve la suerte de poder llevarlo a cabo rigurosamente. Él disfrutaba comiendo y nosotros viéndole como iba avanzando en su alimentación.

Desde que nació la pequeña O estaba deseando que llegara el momento de empezar con la alimentación complementaria y poder seguir el mismo método de alimentación que con su hermano, y yo disfrutarlo aún más ya que contaba con la experiencia y seguridad del hermano mayor.

Pero llegaron los 6 meses y la pequeña aún no cumplía con los requisitos de comenzar la alimentación. Ni mostraba interés por la comida ni se mantenía sentada, entonces esperamos a que ella estuviera preparada.

Llegamos a los 7 meses y medio y ya se mantenía sentada sin tambalearse y empezó a reclamar sentarse con nosotros en la mesa cada vez que comíamos, por lo que entendí que había llegado el momento.

Empezamos a ofrecerle alimentos en su trona, pero ella no se lo llevaba a la boca. Al principio, incluso parecía que le daba «miedo» la comida, no se sentía cómoda con ella en su trona, y al quitársela y sustituirlo por un juguete se relajaba.

Así pasaron varias semanas, empezó a no querer sentarse en la trona, pero la seguíamos manteniendo en la mesa con nosotros, sentada en nuestro regazo mientras comíamos. Hasta que por fin empezó a llevarse algo a la boca, alguna «chupadita» de pan, de huevo, de macarrones, fresas… Era mínima la comida que entraba en su estómago, pero algo habíamos avanzado.

Pero pasaron de nuevo un par de semanas y de nuevo dejó de llevarse los alimentos a la boca, el poco interés que hasta la fecha parecía que había volvió a desaparecer. Por lo que pensé que quizás a ella le fuera mejor la alimentación «triturada» y probamos también con purés, pero no funcionó, cuando veía la cuchara cerraba la boca y giraba la cabeza sin ni si quiera probarlo, ya que no quiere que la metamos nada en la boca, ni solido ni liquido.

Durante estos tres años de maternidad me he empapado mucho de Carlos González y Julio Basulto, y si una cosa he aprendido de ellos es la autorregulación y la confianza, ambos conceptos son lo que me hacen continuar y confiar en mi pequeña mientras seguimos con la lactancia materna.

Aunque siempre tenemos ahí la «presión social», gente que cree que tu hija no come porque te has aferrado al BLW. Y no, no es que quiera BLW si o si, sino que no veo sano obligar a un niño a comer. La alimentación es algo que nos acompaña toda la vida y quiero que su relación con la comida sea buena, que disfrute comiendo y que no sea un momento de obligación, de enfado ni nada parecido.

Pero como madre siempre nos rodean algunos miedos, y en este caso mi principal miedo era la posible falta de hierro. Se sabe, que el motivo por el que la alimentación complementaria se empieza a los 6 meses, es porque a partir de ese momento las reservas de hierro que se crean durante el embarazo empiezan a reducirse, y debemos «complementarlo» con alimentos ricos en hierro y zinc.

Entonces llegamos a los nueve meses y seguimos sin apenas avances, por lo que volvemos a la pediatra y nos recomienda empezar con el suplemento de hierro.

Por lo que ya con la tranquilidad de que sus niveles de hierro se mantienen estables, vamos poco a poco ofreciéndole alimentos y esperando que llegue el día que se anime a «comer de verdad». Con mucha paciencia, aunque no voy a negar que hay días que te desesperas, pero como dice nuestra pediatra, todos los niños acaban comiendo, y cada uno tiene su ritmo, por lo que seguro que en breve llegará ese día.

 

Rocío

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