Escapada a Sevilla con niños

Este año por el cumpleaños de papá decidimos darle una sorpresa, y en vez de regalarle algún regalo material optamos por pasar un fin de semana en Sevilla y disfrutar de unos días en familia, ya que sería nuestro primer viaje los 4.

Cogí un apartamento por airbnb en el emblemático barrio de Triana. El apartamento estaba muy bien decorado y limpio y sobre todo muy cerca del centro. Además tenía aparcamiento gratuito en la misma puerta, un punto muy a favor, que nos permitía movernos a todos sitios andando, cruzando el Puente de Triana y llegando al centro en unos 15 minutos, aunque con niños ya sabemos que siempre es algo más.

Para el viaje alquilé a Toledo Porteo una bandolera, nunca las había usado y me parecía la ocasión perfecta para pobrar. Aunque con O estoy usando mucho mi Mei Tai a veces siento presión en el estómago ya que he perdido tono muscular con los dos embarazos y la falta de ejercicio, y la bandolera me parecía una buena opción para el viaje.

El primer día llegamos a la hora de comer, comimos en el apartamento y dimos un pequeño paseo relajado por la orilla del Rio Guadalquivir y el Paseo de Colón donde pudimos ver la Torre del Oro. No pasamos a su interior, nos apetecía más pasear, habíamos estado demasiadas horas en el coche y necesitábamos estirar las piernas y un poco de aire fresco.

Seguimos paseando hasta llegar al Parque de Maria Luisa y en su interior la Plaza de España. Se trata de un enorme parque con grandes jardines, donde se puede ver todo tipo de público, familias en bici, grupos de amigos, parejas, niños jugando… El parque tiene eso que se dice de Sevilla, “un color especial”. Hasta allí llegan los carros de caballos que recorren la ciudad y hacen su parada obligatoria, a M le encantó, creo que nunca había visto tantos caballos tan de cerca y nos tiramos un buen rato observándolos. Y después como no, fotito en nuestra ciudad.

Al día siguiente tocaba caminar mucho para ver toda la ciudad, por lo que tocaba volver a casa a descansar, además estabamos agotados de viaje y el paseo de la tarde.

Por la mañana empezamos por la Plaza de la Maestranza, la verdad es que nos sorprendió mucho, no me imaginaba una plaza de toros así, integrada entre las casas, con ese color mostaza que predomina en la ciudad, era muy bonita. Aunque no somos precisamente amantes de los toros, creo que merece la pena verla. Le explicamos a M que por allí pasaban los toros y quería abrir todas las puertas a ver si veía alguno! jejej

Después caminamos hasta el centro para ver la famosa Catedral de Sevilla, y La Giralda, de reconocido prestigio por sus más de 100m de altura. Intentamos aprovechar el horario de misa para visitarla, pero debimos ver mal en internet los horarios y llegamos antes de tiempo, por lo que seguimos nuestra ruta y sólo vimos el interior desde la entrada. Aunque no sin antes hacer otra parada con los caballos, ya que allí es el punto de inicio del paseo turístico en carruaje, y M quería verlos un ratito.

Cerca de la plaza de la Catedral había un Mercado Navideño, por lo que aprovechamos a dar un paseo relajado, comprar unos muñecos de Reyes Magos que a M le gustaron y que además se convirtieron el mejor juguete durante todo el viaje.

Cerca también se encontraba el Archivo de indias, un importante edificio que guarda toda la documentación relativo al descubrimiento de América, pero creímos que iba a ser muy aburrido para los niños y decidimos no entrar.

Continuamos hacia la plaza de San Salvador, donde nos encontramos mucho ambiente, cofradías y bandas de música al mismo compás que se recorrían las calles, y la famosa iglesia que lleva el mismo nombre de la Plaza, la segunda más grande e importante de la ciudad después de la Catedral.

Seguimos paseamos por sus calles, hasta llegar a la Plaza de la Encarnación donde se encuentran las famosas Setas, un original monumento que destaca entre toda su arquitectura por lo diferente y moderno de la estructura. Se puede subir arriba que tiene unas vistas de toda la ciudad, pero queríamos buscar un sitio para comer y no nos entretuvimos mucho, a la vuelta lo vimos de noche e iluminado, y he de decir que gana mucho más.

Fuimos a comer a la Plaza de la Alfalfa, donde el niño pudo jugar y correr un rato detrás de las palomas. Teníamos previsto comer en el La Bodega, que nos lo habían recomendado especialmente, pero al entrar fue imposible ya que además íbamos con dos carros, estaba a tope, y había gente apuntada esperando mesa. Por lo que comimos en otro bar con terraza que había en la misma plaza y así M pudo seguir jugando.

Después de comer fuimos a ver el Palacio de Dueñas, perteneciente a la Familia de Alba. Desde hace unos años abrieron algunas partes al público, y en el interior se puede pasear por los jardines del Palacio, ver la Capilla donde se casó la Duquesa con su último marido y la biblioteca. Además aprovechamos para comprar en la tienda que encontramos un libro de los Reyes Magos a M, pues se nos había olvidado llevarnos libro para antes de dormir.

A media tarde paramos la ruta para disfrutar de un rato de juego, buscamos un parque a las afueras del centro y pasamos un rato relajado entre columpios. Aunque M tuvo muchos ratos de correr por las calles de Sevilla, necesitaba un rato de juego libre, sin los tumultos de la gente, y yo aprovechar para dar a O unos poquitos mimitos y teta en un banco del parque ya que además hacía una temperatura estupenda.

Después regreso al apartamento, cena y peli en familia y a dormir prontito para descansar, pero no sin antes leer el cuento nuevo.

El tercer y último día queríamos pasar a ver el Real Alcázar y sus jardines, un complejo palacio mudéjar declarado Patrimonio de la Humanidad, en el que tanto M como el resto de la familia disfrutamos de cada uno de sus rincones, donde pudo jugar, correr y esconderse. Le gustó mucho ver “un castillo” por dentro como él decía.

Al finalizar la visita, fuimos al barrio de Santa Cruz, una zona repleta de bares de tapas típicas de la ciudad. comimos en un sitio muy recomendado de la zona, la Bodega Santa Cruz las Columnas, donde probamos un poco más de la gastronomía de la zona, buñuelos de bacalao, tortitas de camarones, flamenquines y pringá, todo muy rico.

Teníamos claro que un viaje con dos niños tan pequeños había que tomárnoslo con calma, y que probablemente no veríamos la ciudad entera, pero lo importante era disfrutar del viaje y de tiempo en familia, y hacer un turismo ameno para que los niños no se cansaran y también disfrutaran. Y así fue, regresamos a casa con un buen sabor de boca, una ciudad muy bonita que esperamos poder visitar en otra ocasión con los niños un poco más mayores. Además prometimos a M que en otra ocasión montaríamos en un carro de caballos, pues llevando dos carros de bebés fue complicado y también nos quedó pendiente el paseo en barco.

 Rocío

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