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Extraescolares sí o no (2ª Parte)

Viernes de fiesta en nuestra comunidad, y aunque hoy estaremos disfrutando de nuestro día libre, no quería dejar de completar la reflexión que el otro día comenzó Rocío acerca de las extraescolares y contaros nuestra experiencia.

Como Rocío yo también pienso que el ritmo de vida que llevamos grandes y pequeños es agotador. Llegan estas fechas y las vacaciones se nos hacen como un sueño a alcanzar para descansar de rutinas, de mirar constantemente el reloj y de correr de un lado para otro. Y en esto tienen mucho que ver las extraescolares.

Cuando tenemos hijos queremos que sean plenamente felices y que tengan todas las puertas abiertas el día de mañana para que puedan elegir su camino. Y pensamos que cuanto más preparados estén más fácil lo tendrán. Idiomas, artes, deportes… todas tienen su parte buena para el desarrollo cerebral y social y lo cierto es que la educación que reciben reglada (en los coles) normalmente no cubren estas materias como nos gustaría.

Entonces ¿qué nos queda? Saturar a nuestros hijos desde los primeros años y llenar su día de inglés, judo, teatro… muchas veces sin ni siquiera tener en cuenta sus gustos e intereses. Sinceramente, creo que es un error llevar a niños de 3 o 4 años a extraescolares.

Sus necesidades no pasan por saber más inglés o socializar jugando al fútbol en este momento, si no que lo que realmente les hace falta es juego libre y tiempo en familia.

Pasan 5 horas mínimo, sin contar matinal o comedor, en el colegio cada día y para ellos, esto solo ya es agotador.

Ahora bien, muchas veces se impone la realidad y somos muchas las familias que no podemos estar cada tarde con ellos como nos gustaría. En nuestro caso, cuando empezó el colegio teníamos claro que A no haría nada más. Era un cambio importante al que se tenía que adaptar y teníamos la suerte de que yo estaba de excedencia durante los primeros meses y podía estar con los niños cada tarde.

Durante este tiempo sí que estuve buscando actividades para hacer en familia. Con el nacimiento de la pequeña L habíamos perdido tiempo de estar solos mamá y A, y me parecía una buena idea pasar tiempo juntos haciendo algo especial. Como en la guardería le volvían loco las clases de música busqué clases a las que pudiéramos asistir juntos pero no encontré nada (desde aquí hago un llamamiento para que se organicen más cosas para pa/madres e hij@s).

Pasó el tiempo y mi vuelta al trabajo estaba cada vez más cerca. Yo trabajo algunas tardes en semana y encontramos unas clases de música para niños que se ajustaban a lo que necesitábamos. Eran al lado de casa (podíamos ir andando), justo la tarde que trabajo, tenía muy buenas referencias e iban amigos suyos, así que después de preguntarle si le apetecía se unió al grupo en enero.

De momento le gusta mucho ir y creemos que seguirá el año que viene si él quiere. Intentamos que no sea una obligación y si algún día está especialmente cansado él decide si quiere asistir o no.

Mi objetivo no es que acabe tocando el violín o el piano, si no que aprenda jugando, tenga un buen estímulo y que disfrute con algo que le encanta como es la música. Después, lo que tenga que venir vendrá.

Arantxa.

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