La crianza en una sociedad sexista

No sé por qué, siempre había creído que era más difícil educar a una niña que a un niño para no repetir patrones y roles sexistas, y evitar que la sociedad patriarcal y machista en la que nos movemos le contaminara.

La vida quiso que me convirtiera en madre de un niño en primer lugar (la niña viene de camino), y con solo dos años, ya ha habido varias situaciones en las que me he sentido incómoda.

Siempre he tenido un pensamiento muy crítico en cuanto a los encasillamientos por motivos de sexo y siempre me he considerado feminista. Así me educaron en casa, en la que también éramos dos hermanos, chica y chico, y en la que nunca me cedieron o negaron algo por este motivo.

Que la maternidad está llena de comentarios inoportunos y no bienvenidos, de gente bienintencionada o no, está claro. Sin embargo, no deja de sorprenderme la falta de sensibilidad en las palabras dirigidas a niños tan pequeños encaminándoles a sentirse avergonzados por un color o un juguete. Es para echarse a llorar.

Alrededor de los 18 meses, mi hijo empezó a jugar mucho con el carrito de una amiga suya por lo que decidimos comprarle uno. Fue todo un acierto ya que ha jugado y sigue jugando muchísimo con él. Pues desde el primer momento hemos tenido comentarios del tipo “Jugando con carritos… ¡uy! éste de mayor…” a lo que mi marido siempre contesta “será un buen padre como yo”. Pero la última ha sido cuando un tendero, dirigiéndose directamente a él, le preguntó que a qué niña se lo había quitado. Inmediatamente respondí que no podía creer estar escuchando un comentario tan machista, a lo que siguieron justificaciones aún peores (del tipo yo también jugaba con los juguetes de mi hermana).

Para mí, lo peor de todo esto, es darme cuenta de que mis decisiones, en cierto modo, están influidas para evitar que mi hijo escuche este tipo de ridiculeces.

Para Reyes Magos pedimos unas botas de agua, que le encantan y siempre quiere ponerse, y cuándo le pregunté qué color quería, su respuesta fue rotunda: ROSA. Lo medité varios días y sólo me venían a la cabeza la cantidad de tonterías que iba a tener que escuchar cada vez que saliera a la calle con ellas.

Le encantan sus botas de agua, y evidentemente con 2 años le da igual la climatología, tanto si hace sol como si no, se las quiere poner casi siempre. A veces, si le van a resultar incómodas para jugar le razono y cambia de parecer y otras veces no. Pues el día que hace sol y sale con sus botas, invariablemente tenemos que escuchar una y otra vez que qué hace con botas de agua con el sol que hace. Si en algo tan nimio todo el mundo opina, no quería imaginarme cuando saliera con sus botas fucsias. Así que al final se las trajeron rojas. Y la verdad es que siendo tan pequeño, se ilusionó igualmente y no creo ni que recordara el color que había pedido.

Aun así, para mí es como una espinita clavada. No es que no tenga nada rosa, tiene dos pares de gafas de sol, unas azules y otras rosas, y él elige cuál quiere ponerse. Pero también hace poco le dijeron que “qué bien unas gafas rosas porque así las podría heredar su hermanita”. ¿Es que si fueran azules ya no iba a poder heredarlas? En fin.

No puedo imaginarme cómo afectaran todas estas palabras en la concepción del mundo en la que su mente está trabajando ahora mismo. Qué puede pensar un niño de dos años cuando le preguntan que si le ha quitado un carro a una niña, o que esas gafas van a ser para su hermana por ser de un determinado color.

Supongo que le parecerán tan inexplicables como absurdos, y solo espero que interiorice las palabras y el ejemplo de sus figuras de referencia (nosotros, sus padres) y poco a poco forme su propio criterio.

Sé que esta es una preocupación compartida por madres de otros niños que han tenido que lidiar con comentarios parecidos, incluso de familiares directos (nosotros afortunadamente no). Y creo que no debemos quedarnos calladas. Que, con mucha corrección, pero con mucha firmeza, tenemos que responder y hacer ver a esas personas lo hiriente e inoportuno de sus palabras, y que en ningún caso se debe hablar así a un niño o a una niña.

Su educación está en nuestras manos y siempre seremos el espejo en el que se miren. Al final nuestro ejemplo será lo más determinante en el desarrollo de su personalidad y construir un mundo mejor para todos también pasa por esto.

Arantxa.

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