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La hora de dormir: nuestras rutinas de sueño

El sueño infantil, tiene mucha más importancia de la que pensamos. Hay diversos estudios que relacionan el sueño infantil con distintos factores relacionados con la infancia.

El rendimiento escolar, alteraciones cognitivas como retraso en el lenguaje o incluso el peso y la altura de los niños son algunos de estos factores. No dormir suficiente puede afectar al metabolismo, en dichos estudios se observó mayor índice de masa corporal en niños que no dormían las horas de sueño sugeridas por la OMS. Además durante las horas de sueño se activa la segregación de la hormona del crecimiento que será relevante en la talla de los más pequeños en edad de desarrollo.

Por todo esto, creo que es un aspecto a tener en cuenta en la crianza de nuestros hijos, y es importante que tengamos unas rutinas de sueño adecuadas.

ROCÍO

En mi caso, es un tema que a día de hoy llevo muy a raja tabla, el año pasado estaba muy agobiada por no cumplir los horarios, siempre digo que gestionar dos niños de distintas edades y tan pequeños ambos es muy complicado, y la hora de dormir siempre se nos alargaba a las 21h o íncluso las 22h de la noche, y me agobiaba mucho la situación.

Este año cuando empezamos con la rutina del cole decidí fijar unos horarios y ser bastante estricta con ellos.

Para llegar a cumplir el horario fijado había que hacer algunos cambios. La pequeña O se echaba la siesta en la guarde, y ya no solía dormir más en toda la tarde, pero con M decidimos suprimir la siesta. De esta forma podríamos aprovechar las pocas horas de sol que nos deja el invierno y llegaría más cansado al final de la tarde para irse antes a dormir.

También empezamos a planificar mejor las cenas, evitando así las improvisaciones de última hora, y conseguir cumplir los horarios fijados.

Solemos volver a casa antes de las 18h y esperamos a que llegue papá de trabajar. Los bañamos días alternos, por lo que si toca baño van los dos a la bañera, y si no pues tienen un ratito más para jugar en casa. Sobre las 19.15h cenamos todos juntos para no perder la costumbre de cenar en familia y pasar un rato agradable antes de irnos a dormir.

Después toca dientes, cuento y a dormir. Para la “logística” de irnos a la cama hemos pasado por muchísimas fases, cuando la pequeña L nació, M estaba acostumbrado a dormir sólo conmigo por lo que para no generar mayores cambios en sus rutinas mantuvimos el que fuera yo quien siguiera durmiéndole. Para poder seguir atendiendo a los dos me llevaba a O conmigo, y mientras ella estaba tomaba su teta, yo leía el cuento su hermano.

Pero según pasaron los meses y O iba creciendo era más complicado dormirles a la vez, por lo que poco a poco se sumó papá a la rutina, y actualmente él se encarga de dormir a M y y yo mientras doy la última toma del día a la pequeña y después se duerme.

Por lo general intentamos que la hora de meternos en la cama sean las 20h, lo normal es que en 10-15 minutos estén dormidos, pero en el peor de los casos, si un día vamos más retrasados nos aseguramos que nunca se vayan a la cama más tarde de las 20.30 o 21h a lo sumo días muy excepcionales.

Es cierto que vivir con el reloj en la mano toda la tarde a veces es agobiante, pero tener a los niños dormidos a las 20.30h y que a ti te quede día para hacer otras cosas no tiene precio.

ARANTXA

El sueño y los bebés o niños pequeños suele ser un tema delicado. En determinadas épocas, no dormir bien ha sido muy estresante y agotador. Y no tenía nada que ver con nuestras rutinas. Hay niños que no duermen del tirón y no hay nada que nosotras podamos hacer.

En mi caso, el período que fue desde los 9 hasta los 20 meses de A fue bastante duro. Cuando no eran los dientes, eran los desvelos. Se despertaba en mitad de la noche y tardaba horas en volver a coger el sueño. Hubo semanas que llegué al viernes sin dormir ni una noche, y todo esto, trabajando.

Además, si abría la boca para quejarme, todo lo que recibía eran comentarios acerca de la teta. Todo era culpa de la teta (y por tanto, mía). En realidad, la lactancia materna era mi aliada para poder volver a dormirnos y no mi enemiga. En cuanto A empezó a dormir mejor, no dudé en destetarle por las noches como os conté aquí. Pero en aquel momento era mi salvación.

La hora de ir a dormir sin embargo nunca ha supuesto un problema. Desde bebé cuando A tenía sueño pedía teta y se quedaba dormido enseguida. No ha sido de los que ven que les vence el sueño y luchan por mantenerse despiertos. Y ahora ya con más de 3 años sigue igual. Cuando tiene sueño me dice “mamá, a la cama” 🙂

Pero después de más de un año destetado sigue despertándose por la noche. Para beber agua, hacer pis o venirse a mi cama. O simplemente porque se desvela.

Sólo que ahora es mayor y capaz de entenderme cuando le explico que aún es de noche y tenemos que seguir durmiendo. Se da la vuelta y lo intenta hasta que lo consigue.

Nuestras rutinas para no llegar a la noche demasiado cansados son muy parecidas a las de Rocío. También hemos ido adelantando la hora de la cena, hasta las 20:00 que es nuestra hora tope para intentar estar en la cama a las 20:30. Antes de dormir, los dientes y un cuento, que siempre es el mejor aliciente para querer irse a la cama.

Desde que nació L hemos tenido que compatibilizar las necesidades de una bebé con las de un niño de 3 años, que no son las mismas. L duerme varias siestas todavía a lo largo del día por lo que no se duerme tan temprano. Así que se queda jugando con papá mientras A y yo tenemos nuestro ratito especial.

Cuando A se queda dormido (me quedo con él hasta que se duerme), llega el momento de la pequeña L. Si la veo muy despierta juego un ratito más con ella. Ahora que he vuelto a trabajar la echo mucho de menos y cada momento es oro. Pero no tarda mucho en hacerme saber que quiere teta y a dormir. Como muy tarde a las 21:30 suele estar dormida.

Llegar hasta este punto en el que la mayoría de los días todo fluye ha sido un largo proceso de aprendizaje.

Vimos que la televisión era un gran activador y siendo A muy pequeño decidimos apagarla también a la hora de la cena. A veces, mientras preparamos el baño o la cena ponemos música suave o relajante, pero nada más.

También dejamos las luces más suaves cuando nos sentamos a cenar para que sea un momento de transición hacia el sueño. Nos ponemos todos el pijama y recogemos los juguetes antes de cenar para que si hay alguna lucha o conflicto, cuando llegue el momento de irnos a la cama ya esté superado.

En definitiva, vamos adaptando todo aquello que vemos que nos ayuda a dejar atrás la actividad y el ajetreo del día para terminar lo más tranquilos posibles.

 

Arantxa y Rocío

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