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Miedo al parto

Ya os conté como fue por aquí el parto de M y el parto de O, en mi caso dos experiencias de las que guardo un precioso recuerdo.

Y es que aún me conmueve pensar en ese momento, o incluso «envidio» cuando veo a las embarazadas que están a punto de vivir el encuentro más especial de sus vidas, el momento en el que verán por primera vez la carita de sus bebés.

Todavía hay mucha gente que no entiende este sentimiento, quizás me tomen hasta por loca. Imagino que porque aún no han pasado por ello o porque guardan un mal recuerdo de sus partos por las malas experiencias que a veces nos rodean.

Es cierto que antes de ser madre, cuando alguna amiga estaba embarazada, al ver su barriga me daba pánico pensar en que el bebé que había dentro tenía que salir por algún lado, y visualizaba la cabeza del bebé y sentía dolor solo de pensarlo.

Pero cuando yo estuve preparada y desee ser madre empecé a verlo de otra forma.

Es normal tener miedo a lo desconocido, pero si investigamos y nos informamos esos miedos pueden reducirse.

Cuando empecé a buscar información sobre el parto y las recomendaciones oficiales que había detrás, me tranquilizó saber que la cabeza del bebé al tener unos huesos aún «muy blanditos» reduce su tamaño y facilita su paso a través del canal de parto. Y es que está claro que la naturaleza piensa en todo!

O me sorprendió leer que había mujeres que podían tener un orgasmo mientras daban a luz. En mi caso aunque hubo dolor, pues llegar a la máxima dilatación sin epidural duele, no os voy a decir lo contrario, y aunque las horas de dilatación se pasa muy mal, el parto en si, es decir el expulsivo, fue muy agradable y no hubo dolor.

Pero es normal que el miedo nos aceche. Por desgracia estamos rodeadas de muchas malas experiencias, mitos, profesionales desactualizados, violencia obstreticia… y es difícil luchar contra estas situaciones o hacer oídos sordos a todos aquellos que nos van a contar lo mal que lo pasaron.

Por todo ello me preparé muchos meses tanto física como psicológicamente para la llegada de ese momento. Como quien se prepara una maratón y después de muchos meses de entreno llega el gran día, o quien se pasa meses estudiando una oposición y llega el día del examen y la supera. La sensación de satisfacción es así.

Lo conseguí leyendo mucho, mentalizándome, visualizando el momento, haciendo ejercicio físico y cuando llegó el momento puse todas mis fuerzas en ese momento, en intentar que todo saliera bien, y en conseguir mi objetivo.

Esa sensación de que todo ha salido como tú querías, esa sensación de que todo ha salido bien, de que tanto tu bebé como tú estáis bien, es una sensación increíble.

Intento ser una persona muy positiva y soy de las que creo que las cosas depende de la forma en la que lo veas. No es lo mismo pensar «jolín que pase rápido y me den ya a mi bebé» que pensar «cada contracción es una menos para encontrarme con mi bebé«, ya que hace que esas horas las lleves mejor.

Aunque a veces también estaba la parte pesimista, no os creáis, y pensaba que si no lo conseguía la caída podía ser muy alta, y que con lo difícil que es un postparto si encima psicológicamente te has quedado tocada, por no tener el parto deseado, iba a ser mucho más duro.

Pero en mi caso, por suerte no fue así, yo lo conseguí, y me sentía volando, me sentía como una «supermujer» con poderes que podía conseguir cualquier cosa que me propusiera, estaba totalmente «empoderada»

Pero lo que no nos dice nadie, es que lo difícil no es el parto, lo difícil no es el embarazo, lo difícil viene después.

Cuando tienes que aprender a ser la mejor madre o padre para tu hijo, que nadie te enseña nada, que nadie te cuenta que son 24 horas con sus días y sus noches, que no hay instrucciones y que poco a poco irás viendo qué funciona y qué no. Y que cuando aprendas «el funcionamiento» llega otro hij@ con nuevas instrucciones, y que lo que funcionaba con uno ahora no vale y hay que reinventar una nueva forma de hacer las cosas.

Pero poco a poco llega el equilibrio, poco a poco llega la paz, y aunque siempre tendrás una nueva preocupación porque no come, porque no duerme, porque va mal en el colegio, porque no quiere estudiar, porque ha llegado tarde… recordarás esos inicios y se habrá olvidado el dolor del parto, las noches sin dormir o lo poco que comía y siempre te habrá compensado ser madre.

No obstante, no sé si volveré a ser madre o no, pero de no tener más hijos estoy segura que en unos años echaré de menos vivir un embarazo y sentir como una vida crece dentro de mi, echaré de menos tener un bebé en casa al que coger en brazos, acunar y besar, ese olor a bebé inconfundible que te hace enamorarte hasta de cada dedo de su pie…echaré de menos la lactancia, la crianza y también echaré de menos ese «subidón de adrenalina» que sentí en mis partos.

Rocío

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