Nuestra experiencia con el destete nocturno

Con motivo de la celebración de la Semana Internacional de la Lactancia Materna y del lanzamiento de nuestra Guía para una Lactancia Fácil y Exitosa hemos escrito algunos posts en los que os contamos las dificultades que nosotras nos hemos encontrado en nuestras lactancias y cómo las hemos superado. Hoy comenzamos con uno de los temas estrella de la lactancia: el destete.

El destete es algo que nos trae de cabeza a muchas madres. Siempre esperamos que sean ellos solos los que de un día para otro no quieran más, pero si no das biberones es difícil que eso suceda antes de los 2, o incluso 3 años. Por tanto, muchas veces y por muchas razones distintas acaba siendo una decisión nuestra, y consecuentemente un proceso en el que tenemos que acompañar a nuestros hijos.

Hoy os contamos cómo lo afrontamos y lo superamos cada una en nuestras circunstancias y cuáles fueron nuestras razones para el destete nocturno.

Rocío

Antes de ser madre pensaba que el pecho se daba hasta los 9 meses, no sé por qué la verdad, imagino que se lo habría oído a alguna mamá. Pero cuando me quedé embarazada y empecé a investigar sobre los cuidados y recomendaciones para bebés leí las recomendaciones de la OMS que recomienda mínimo hasta los 2 años, por lo que mi planteamiento cambió.

Mi objetivo cuando empecé la lactancia con mi hijo era ese, llegar a los 24 meses, sabía que sería duro y sacrificado, tenía casos cercanos de lactancia y ninguno hasta esa edad, y lo complicado que sería con la conciliación laboral. Pero yo soy de esas personas cabezonas que intenta conseguir lo que se propone y que tenía muy claro que no quería dar fórmula a mi bebé por lo que tendría que currármelo.

Lo más dificil fueron los primeros meses de vuelta al trabajo e inicio de guarderia. Llegaba a casa con los pechos a reventar y tenía que sacarme la leche para el biberón del día siguiente en la guarde. Al principio era más fácil pero pasadas unas semanas la producción se regula, y las tomas que has eliminado produces menos por lo que ahora el problema no era el hinchazón y dolor de pechos sino que costaba mucho llenar esos biberones. Tuve la “suerte” de que mi hijo a los 2 o 3 meses de guardería dejo de querer esos biberones y a tomarse sólo la pieza de fruta que también llevabamos a la guarde. Al fin y al cabo sólo era una toma de leche a media mañana y el resto del día seguíamos con teta a demanda por lo que cubríamos todas sus necesidades y otra prueba superada.

Luego llegó la crisis del año, si con mi vuelta al trabajo ya pasábamos peores noches, de más despertares y más tomas, con la llegada del año fue más difícil si cabe, había noches que mamaba cada 30 min. Lo reconozco no lo aguanté, yo estaba muy irritable por la falta de sueño, y se me hacía muy complicado levantarme cada mañana a trabajar así que decidí hacer destete nocturno.

Tenía miedo de que fuera un destete total, yo no quería destetar antes de cumplir mi objetivo de 2 años pero no aguantaba más. Así que puse fecha, empezaría el siguiente viernes para aprovechar el fin de semana que no trabajamos y nos pusimos manos a la obra. Pasé toda la semana mentalizándome y leyendo mucho sobre el destete y casos reales de otras madres hasta que llegó el día.

Mi plan era el siguiente, cada vez que pidiera teta le ofrecería agua o chupete, y seguir con el colecho, esto último aunque puede parecer contraproducente en mi opinión es todo lo contrario, necesitaría aún más sentir a mami cerca, y no sentir que era un rechazo hacia él. De hecho los abrazos y el apego para mí era el mejor sustituto que podía ofrecerle ante el destete.

La primera vez que se despertó lloró un poco pero tuve la impresión de que lo había entendido, y cada vez que se despertaba era él quien elegía entre las dos opciones (chupete o agua). La primera noche no fue tan dura como yo pensaba, teniendo en cuenta que llevábamos semanas con tomas cada 30 min no noté mucho cambio.

Al día siguiente tuvo un poco de mocos y fiebre por lo que daba por perdida la “operación destete” pero una vez más mi hijo me sorprendió. Llegó la noche, le dí la toma antes de meterse en la cama y nos fuimos a dormir, al rato se despertó, yo esperaba que llorara y pidiera teta, y estaba convencida de dársela, pero me pidió agua se puso su chupete y se volvió a tumbar para dormir, lo hizo así varias veces durante la noche hasta las 6 o 7 de la mañana que volvió a pedir teta y se la dí, luego dormimos otro rato y cuando nos despertamos seguimos con tomas con normalidad. Ya tenía un año y cambiamos las tomas al postre, ya no le ofrecía antes de cada comida sino despues.

Y así superamos nosotros el destete, intentado que fuera lo más respetuoso posible.

Arantxa

Como comentamos en este vídeo, durante mi embarazo yo ya había tenido contacto con varias madres que habían amamantado a sus hijos hasta los 2 años o más, y siendo una convencida de la lactancia materna como era y soy, ese fue mi objetivo desde que supe que iba a ser madre.

Mi lactancia fue muy fácil de establecer a pesar de tener cesárea y pasar las primeras 15 horas separada de mi hijo por complicaciones del postparto. Tuvimos que corregir el agarre con mucha paciencia por los biberones que le dieron en mi ausencia, pero nada más. Desde el principio fue un niño que necesitaba hacer muchas tomas pero por la noche con un par tenía bastante así que las noches iban muy bien.

Hasta los 8 ó 9 meses. En ese momento empezamos a tener noches con más despertares y sobre todo con más desvelos. Es cierto que no eran todas las noches, aunque recuerdo semanas especialmente duras. Durante este período que se alargó prácticamente hasta los 20 meses cada vez que me quejaba de una mala noche obtenía la misma respuesta de mi entorno: “eso es porque todavía le das teta”. He recibido esta respuesta incluso de madres que estaban igual que yo porque sus hijos no dormían y ellos no tomaban pecho. Inexplicable.

Lo que yo siempre pensaba en esos momentos es que si le quitaba la teta para dormir, que era lo único que le hacía coger el sueño, lo íbamos a pasar peor.

Pero pasaron los meses y la situación mejoró, los despertares cada vez eran menos y los desvelos ya casi no sucedían nunca. Ésto fue pasados los 20 meses, así que alrededor de los 22, al volver de vacaciones y no tener a la vista ninguna otra situación desestabilizante, una noche decidí que había llegado la hora del destete nocturno.

No hubo ninguna razón en especial, simplemente lo sentí así, y creí que A era lo suficientemente maduro para entenderlo. Para mí en este proceso ha sido muy importante poder explicárselo y que él fuera capaz de asimilar mis palabras. Así que a la hora de acostarnos le expliqué que igual que él iba a dormir, la teta también necesitaba descansar así que durante la noche iba a estar dormida y él tendría que dormirse solito si se despertaba.

Al igual que Rocío, en mi caso no quería dejar el colecho, ya que pensaba que si además de quitarle la teta le negaba mi presencia iba a ser peor para él. Sé que hay madres que tienen que descolecharse o utilizar el método padre, pero para nosotros no era una opción.

Las primeras noches fueron muy bien. Cuando se despertaba y pedía le recordaba que la teta estaba dormida y que hasta que no fuera de día no se despertaba. Se daba la vuelta y se dormía sin rechistar. Pero después vinieron algunas noches en las que entenderlo no fue tan fácil. Así que con toda la paciencia del mundo le ofrecía agua y abrazos hasta que se calmaba y se dormía.

A pesar del éxito inicial ha sido un proceso más o menos largo de aproximadamente un mes. Quitando una noche o dos más difíciles, hablándole y ofreciéndo consuelo con otras formas de cariño (caricias, canciones, abrazos…) se fue pasando.

Al final es una decisión que había tomado yo y era mi deber que la transición fuera lo más respetuosa posible para él.

Experiencias de destete hay tantas como madres, ¿nos cuentas cómo fue la tuya?

Arantxa y Rocío.

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