Nuestra pequeña O por fin quiere comer

Hace unos meses os contábamos en otro post como íbamos con la pequeña O y sus inicios con la comida. Ya ha pasado mucho desde entonces y ha dado un giro de 360°

La pequeña de la familia cumplió un año el pasado mes de agosto, y el día de su cumpleaños para celebrarlo se puso las botas a tortilla de patatas, lo ideal para que familiares y amigos nos dijeran lo típico de ¡mírala como come! ¿y tu no decías que tu hija no comía? Pues hoy se está poniendo morada…

Y es cierto, que durante estos meses hemos tenido muchos picos, pero parecía que nunca terminaba de “arrancar”, si la semana de su cumpleaños te quitaba la comida de las manos y se comía todo lo que podía, la siguiente selló los labios y salvo teta ahí no entraba nada más.

Como siempre digo confío en su autorregulación, y en sus necesidades, y creo que esa semana estaba pasando por algún pico de crecimiento por lo que necesitaba comer, y la siguiente con su teta tenía suficiente.

No obstante, te agobias, ves como das un paso hacia delante y tres para atrás, ves que tu hija ya tiene un año y que aún no come, y te preocupas pensando que en breve empezará la guardería, y sobre todo si nutricionalmente tendrá alguna carencia.

Además, como no come todos los días ni todo lo que le ofreces, resulta muy complicado el tema de introducción de alimentos, es casi imposible realizar la regla de los 3 días.

Acabas tirando la toalla, te cansas de cocer verduras o apartar comida para darle a probar poco a poco cada alimento de la forma más natural posible, si luego ni siquiera lo toca. Ya no digo probarlo, sino tocarlo, jugar, experimentar, esa otra parte del BLW que tan poco nos gusta a las madres por lo que supone limpiar, pero que tan importante es para su desarrollo además de una actividad sensorial única.

Pero a la pequeña O parece que no le gusta tocar la comida ni mancharse las manos, pero tampoco se anima a coger el tenedor, aunque se lo llenemos nosotros de comida.

Aunque me resulta curioso que cuando más comía era por la noche, en la cena, se podía pasar todo el día con teta y algún cuscurro de pan y a la hora de cenar mostraba más interés.

Pero esta no era su única preferencia, sino que también mostraba más interés por los alimentos “rebozados”, filetes de pollo empanados o croquetas era lo que durante estos meses más nos ha reclamado al ver en la mesa. Pero tenía claro que no iba a entrar en prepararle siempre las comidas que le gustaban.

Soy de las que me niego a hacer una comida para cada miembro y a preparar alternativas cuando algo no nos gusta. Claro que hay cosas que nos gustaran más que otras, o que nos apetecerá comer más, pero en casa se come lo que toque y con la pequeña O no se iba a hacer una excepción, aunque eso suponía que no comiera.

Y así los meses fueron pasando, ofreciendo alimentos pero sin obligar, hasta que llegamos a los 13 meses y empezó el interés. Empezó a reclamarnos todo lo que comíamos y a abrirnos la boca para darle cuchara, cosa que hasta la fecha había sido impensable para nosotros.

Empezó a devorar los yogures naturales sin azúcar, a comer más variedad de alimentos como carne, pescado, legumbres… pero la verdura muy poca y la fruta salvo fresas y frambuesas nada. Además de todo lo que comía eran muy pocas cantidades (tres macarrones, cinco guisantes, cuatro garbanzos, dos cucharadas de puré o dos pedacitos de carne o pescado…), pero entendía que no necesitaba más, que su estomago debe ser muy pequeño y que con eso tiene suficiente. Además después de los meses pasados, os puedo asegurar que comerse cinco guisantes en todo el día para nosotros también era suficiente.

Todo esto coincidió con el inicio de la guardería, lo que hacía que pasáramos cuatro horas separadas sin pecho, por lo que su apetitó aumentó, y aunque lo primero que hacía al llegar a casa era mamar después probaba algo de comida.

Pero desde hace unos 10 días empecé a dejarla a comer en el comedor de la guardería, primero hablé con su profesora y le expliqué lo “difícil” que era para comer.

Por suerte, después de tres años en la misma guardería con su hermano, ya me conocen y saben mis pensamientos sobre la alimentación.

La verdad es que me tranquilizó mucho diciéndome que no le iban a obligar y que sabía que para mí era más importante dejarla experimentar con la comida que qué comiera si ella no quería y que no me preocupara que así lo harían. Por mi parte ya contaba de antemano con que no comería, al menos los primeros días o semanas.

Y llegó el primer día de comedor, y se lo comió prácticamente todo, y yo aluciné. Me enseñaron hasta vídeo porque después de lo feo que se lo había pintado ni ellas se lo creían.

En casa también ha empezado a cambiar, y ya hasta merienda fruta!!, que para mi es todo un logro. Además de que ya a diario come y cena y cada vez más cantidades.

Como me dijo hace poco una amiga, el BLW es una inversión a largo plazo, sufres mucho, por los miedos al atragantamiento o porque parece que no comen nada, te tiras el día fregando suelos y lavando ropa, pero al final hasta el niño más difícil empieza a comer y a disfrutar comiendo.

Y me siento muy orgullosa de no haberla obligado, de haberla acompañado en este proceso, de haber hecho de la comida un momento cotidiano y familiar, libre de tensiones, de amenazas, y sobre todo confiando plenamente en ella.

Ha llegado su momento y ahora por fin estamos disfrutando de cada comida, cada merienda y cada cena todos en la mesa.

 

Rocío

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