Publicado el

Paciencia mamá, son etapas

Cuando me convertí en madre por primera vez oía muy frecuentemente esa frase de «son etapas». Cada vez que mi hijo lloraba, no dormía bien, no quería carro, no encontraba nada que le consolara salvo la teta… oía aquello de «son etapas».

La verdad es que prefería oír lo de las etapas, que las otras frases también tan conocidas de «se van a acostumbrar» o «déjale que llore»

La infancia está llena de crisis, empezando por las de lactancia, pasando por las de sueño, la angustia de separación y llegamos al año y nuestro bebé deja de comer y no sabemos por qué, con lo bien que comía! pero por fin se vuelve a «atorregular». A los 18 meses notamos otro cambio en su comportamiento y cuando nos queremos dar cuenta llegan los 2 años y la «aDoslescencia», cargada de «mio» y «no» con la tan importante autoafirmación. Luego llegará la de los 6 años…y así una larga lista de crisis y etapas que en mayor o menos medida todas la familias vivimos.

Como ya hemos contado muchas veces desde el embarazo, tanto Arantxa como yo, empezamos a leer mucho sobre el nuevo mundo de la maternidad que estábamos viviendo. Gracias a grandes expertos como Carlos González, Julio Basulto o Rosa Jové, entre otros, empezamos a familiarizarnos con esta aventura que es la crianza.

Empezamos a oir hablar de crisis de lactancias, de cambios en el sueño, según el propio proceso madurativo del bebé, o a entender que el cerebro de los niños cree que sus madres desaparecen cuando dejan de verlas por estar en otra habitación, entre muchas otras cosas.

Como adultos intentamos empatizar con otros adultos, entendiendo el porqué de sus reacciones ante determinadas situaciones. Por ello cuando un adulto nos da una mala contestación o vemos un mal gesto y luego sabemos que no está pasando una buena etapa, que ha perdido su trabajo o ha perdido un familiar por ejemplo, no se lo tenemos en cuenta. Pero no hacemos lo mismo con los bebés y niños pequeños.

Cuando sabemos que le pasa a otra persona nos ayuda a ponernos en su lugar, a entender lo qué le sucede y a ser más pacientes con ellos.

Desde la ma-pa/ternidad y la crianza tenemos dos opciones:

  • Seguir con los patrones de crianza tradicional: en el que se piensa que los niños son «tiranos» que nos ponen a prueba, que «nos miden» para ver hasta donde podemos llegar, y con castigos y amenazas podemos controlarles para hacer lo que nosotros queramos y actúen a nuestro gusto. Pero el no entender lo que les pasa, y pensar que lo hacen «por jorobarnos» «porque son malos» o «porque les da la gana» nos hará enfadarnos con ellos, tratarlos mal y alejarnos cada vez más de ellos. O podemos
  • optar por una crianza respetuosa, basada en disciplina positiva, en la que nos ganemos su respeto y confianza con la misma «moneda de cambio». Al entenderles estaremos más pacientes y accesibles y podrán encontrar el apoyo que necesitan para superar la crisis a la vez que se fortalece nuestro vínculo afectivo.

En mi caso tenía claro que quería la segunda opción. La maternidad no es fácil y que la crianza te sobrepase es parte del aprendizaje. Pero me tranquiliza y ayuda a gestionar la situación conociendo las distintas etapas por las que pasan mis hijos, para empatizar con ellos, comprenderles y apoyarles, y, con mucha paciencia, acompañarles en el proceso.

Cuando el niño está más irritable, duerme peor o no se separa de la teta, se lleva mejor si nos informamos sobre lo que está sucediendo. Qué cambios neurológicos o psicomotores están sufriendo y que forma parte de su proceso evolutivo. Y sobre todo, que lo que sucede está dentro de lo normal y que en unos días pasará y lo olvidaremos.

Es importante conocer lo qué está pasando, hacer tribu y saber que otras madres están pasando lo mismo que tú, y que lo que estás viviendo con tu hij@ es totalmente normal. Esta etapa pasará y entraremos en otra nueva, con un millón de cosas que descubrir y muchas más crisis que superar. Y así, cuando nos queramos dar cuenta estaremos sumergidos en plena adolescencia, y echaremos de menos estos ratos de mimos que todo lo curan.

Rocío

Deja un comentario

*