¿Parto después de cesárea? ¡Sí se puede! El nacimiento de L

El tiempo pasa rápido y despacio a la vez. Ya hace más de un mes que la pequeña L está con nosotros y aún parece que nació ayer. Ella lo está poniendo muy fácil. El paso de 1 a 2 es complicado, sobre todo cuando el mayor aún no tiene ni los 2 años y medio y echa de menos a mamá. Pero como digo, L pone todo de su parte. Ha sido así desde el principio.

Su embarazo ha sido complicado desde el día 1. En las redes esta parte no se cuenta pero creo que ha sido una de las niñas más ecografiadas, porque en cada visita nos decían algo nuevo por lo que preocuparnos. Pero ella siempre estaba bien, en las ecos se la veía tan tranquila. Y eso me hacía confiar.

El final del embarazo también vino acompañado de preocupación. En la eco de la semana 36 salieron unos valores alterados y me mandaron directamente a monitores. Si el día que cumplía la 37 esos valores seguían igual me ingresaban y me tenían que inducir el parto.

Con mis antecedentes este era uno de los peores escenarios que me podía encontrar. Decidimos ser positivos y pensar que los valores se iban a normalizar pero prepararnos por si acaso. Dispusimos todo para que A estuviera atendido por la familia mientras durara el ingreso, terminamos de montar la habitación de L e incluso nos hicimos la sesión de embarazo que nos regaló Rocío.

El lunes llegamos al hospital y nuestros temores se hicieron realidad. Había que inducir el parto. El ginecólogo que me hizo las pruebas, en el que confío plenamente, me dijo que “era una víctima de la tecnología” (todas estas cosas antes no se medían) y comentando mi situación, con una cesárea previa por fracaso de inducción, me dijo que lo tenía complicado pero no imposible.

Nunca he contado en el blog el parto de A porque tuvo muchas complicaciones durante y en el post parto. En resumen muy resumen, tras una fisura de bolsa por un Hamilton no informado ni consentido, me indujeron el parto sin ningún resultado, no llegué a dilatar y acabé con una cesárea. Bueno, no acabé, después tuve una hemorragia post parto que se complicó bastante.

Por todo esto mi mayor temor era acabar otra vez en cesárea. Sé que hay mujeres, e incluso sanitarios a los que la cesárea les parece la mejor opción.

Para mí, que te saquen a tu bebé detrás de una cortina en un quirófano, te lo enseñen de refilón y se lo lleven, fue una de las experiencias más duras que he tenido que vivir como madre. Además, en aquel momento, ni siquiera nos concedieron el piel con piel con el padre.

La cesárea trae detrás un montón de inconvenientes más que no te cuentan. No te puedes levantar ni coger a tu bebé, acabas de tener una cirugía mayor. Tampoco puedes iniciar la lactancia inmediatamente y mientras te tienen en el post operatorio es probable que le den un biberón a tu bebé como nos pasó a nosotros. Y todo esto, sin ninguna otra complicación…

Así que esta vez yo estaba empeñada en parir. Quería vivir esa experiencia con mi hija y sabía que era capaz. Sólo se tienen que dar las condiciones adecuadas. Y el comienzo no fue precisamente lo que esperaba, una inducción con prostaglandinas, pero tanto nosotros, el papá y yo, como el equipo médico que me atendió (las matronas lo hicieron genial) pusimos todo de nuestra parte.

Como yo estaba completamente verde, me pusieron las prostaglandinas y me dieron un plazo de 24 horas para que hicieran efecto. El objetivo era que borrara el cuello del útero y me pusiera de parto yo sola. Enseguida empecé a tener contracciones y después de 12 horas y que hubieran hecho su efecto me las retiraron para que pudiera descansar un par de horas y si no me ponía yo sola de parto empezar la inducción con oxitocina.

Con una cesárea previa la oxitocina tiene muchas contraindicaciones y era algo que yo prefería evitar.

Sin embargo, llegó la hora y no había más opciones si queríamos llegar a un parto. Enseguida empecé con contracciones pero hasta que no me rompieron la bolsa no fueron efectivas. A partir de ese momento se volvieron cada vez más dolorosas e insoportables. Durante las 24 horas que estuve con contracciones pude moverme libremente. A ratos de pié, a ratos tumbada y sobre todo con la pelota de Pilates las llevaba bien.

No he tenido la suerte de experimentar un parto natural y no sé cómo de dolorosas son estas contracciones, pero las que te genera la oxitocina son muy bestias y cuando ya llevaba más de 24 horas con contracciones y había empezado a dilatar hablé con la matrona de la posibilidad de ponerme la epidural.

En ese momento todavía podía soportarlas pero el dolor iba en aumento y aún me quedaba por dilatar. Cuando te has puesto de parto de manera natural, la epidural puede parar el proceso y acabar en cesárea. Yo no quería esto después de todo lo que me había costado llegar hasta ahí. La matrona me dijo que en mi caso no sería así ya que mis contracciones eran de la oxitocina y el efecto sería el contrario, al relajarme dilataría antes.

Y así fue, en un par de horas había dilatado completa y llegaba al expulsivo. Al ponerte la epidural también renuncias a la posibilidad de un parto vertical lo que seguramente contribuyó a que mi expulsivo fuera muy largo. Pero finalmente, tras más de 3 horas, L llegaba a la vida y lo primero que conocía era el cuerpo de su madre, mi cuerpo.

Tras 36 horas de parto tenía a mi pequeña conmigo. Entre las dos y con el apoyo fundamental del papá lo habíamos conseguido.

A pesar de partir con todo en contra, tuve mi parto después de cesárea. Sí se puede y es una experiencia brutal y maravillosa.

Arantxa.

*Las fotos son de la sesión de embarazo que nos regaló Rocío con Giovanna Fotografía

Aquí podéis ver el parto de M y el parto de O.

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