Planes en familia: escapada a El Tiemblo

Como os contaba por Instagram, este fin de semana hemos estado en El Tiemblo de escapada rural. Ha sido un viaje cortito pero muy necesario. Hay veces que la vida se te amontona, semanas de mucho trabajo, reuniones y actos hasta las tantas, un virus detrás de otro atacando a tu pequeño y muchos compromisos y to dos que tachar de la lista.

Necesitaba campo y naturaleza en familia. Este año hemos hecho varias escapadas al campo pero siempre acompañados por amigos o familia amplia y ahora necesitábamos un tiempo solos. A ha entrado en la aDOSlescencia con fuerza, no tanto por las rabietas como por los retos y desafíos. Como digo a veces, se ha instalado en el NO. Así que necesitábamos reconectar.

En casa siempre hay tareas que te reclaman o aprovechas el fin de semana para quedar con amigos y al final el tiempo que durante toda la semana te has ido diciendo que le ibas a dedicar, se ve bastante reducido. Por eso estas escapadas nos vienen tan bien a todos 🙂

Como iba a ser un viaje cortito, de viernes por la tarde a domingo, busqué en el entorno de no más de 1 hora. Encontré estas casitas rurales en El Tiemblo que reunían lo que buscaba: una casa independiente con terreno y en mitad del campo, con cocina y que admitiera mascotas. Lo que nos encontramos el viernes al llegar fue muchísimo mejor de lo que esperábamos. Las fotos no le hacen justicia. Además de reunir todas las características anteriores, era espaciosa, muy bonita y las anfitrionas encantadoras.

En la zona de El Tiemblo hay muchas actividades en la naturaleza para disfrutar. Parece inevitable visitar el Castañar, sin embargo yo lo prefiero en verano. Te pierdes la tonalidad de las hojas en otoño y no puedes recoger castañas pero también evitas las aglomeraciones de coches y de gente, que en esta época son exageradas. Si no puedes ir entre semana y te estresa la sobreexplotación de la naturaleza, mejor no ir en otoño.

En verano en cambio es un paseo precioso todo en sombra y que puedes disfrutar con tranquilidad. Nosotros llevamos a mi sobrino hace años y tenemos un bonito recuerdo. (El truco que utilizamos para que un niño de 4 años recorriera casi toda la ruta andando fue dejarle una cámara de fotos y que él fuera haciendo su propio reportaje fotográfico).

La otra zona por excelencia es el Valle de Iruelas. El año pasado dimos la bienvenida al otoño trayendo a A aquí justo cuando empezaba a dar sus primeros pasos. Es un sitio espectacular.

Como lo teníamos tan reciente en este viaje decidimos explorar otros caminos. Justo por la puerta de la finca en la que nos alojábamos pasa el camino de Santiago, el tramo que une El Tiemblo con Cebreros, un paseo fácil y bonito que nos llevó hasta un puente medieval de tres ojos. Como la lluvia no nos perdonó, nos preparamos bien con nuestras botas de agua, chubasqueros y paraguas y salimos a caminar.

En estos casos seguimos usando la mochila ergonómica, ya que A todavía no es muy amigo de andar grandes distancias y es lo más cómodo para nosotros.

Después de una breve visita al pueblo, comer y una siesta reparadora, la lluvia nos dio tregua y salimos otra vez de paseo, esta vez en la otra dirección siguiendo el curso del río, en el que A se entretuvo un buen rato tirando piedras, ¡una de sus aficiones favoritas!.

Como enseguida se hace de noche, antes de las 7 estábamos en la casa (el año que viene, la escapada de otoño mejor antes de que cambien la hora) viendo el anochecer con las vistas que teníamos desde el porche y encendiendo la chimenea.

Al día siguiente, como queríamos comer en casa y teníamos que recoger y salir a una hora prudente, nos quedamos en la finca recogiendo hojas de todos los árboles que encontrábamos (plataneros, arces, olivos, acacias…) para hacer un rincón de otoño en casa y enseñando a A que las uvas que tanto le gustan salen de las viñas.

Un fin de semana de desconexión de nuestro día a día y de reconexión con los nuestros y con la naturaleza 🙂

Arantxa.

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