Sonrisas y lágrimas, la otra cara de la maternidad

¿A quién no le ha sobrepasado en alguna ocasión la maternidad? ¿Quién no ha llorado de cansancio, de no poder más?

Creo que todas las madres hemos pasado por ello, todas en algún momento necesitamos llorar, desahogarnos. La maternidad no es como te la imaginabas antes de serlo, antes de tener un niño 24horas 7 días a la semana.

Porque el niño no duerme, porque no come, porque está malito, porque estamos cansadas, porque no nos da tiempo a nada, porque no tenemos tiempo para nosotras… todas esas pequeñas cosas del día a día que poco a poco van “llenando el vaso” y al final necesitas desahogarte y llorar.

En mi caso, con M como siempre he dicho yo me sentía una “súper mujer” ni las hormonas ni el postparto me hicieron flaquear, y eso que mi bebé no era precisamente tranquilo. Como ya contamos en el tema porteo, a mi hijo no le gustaba el carro, ni la cuna, ni nada, solo los brazos de sus padres, y sobre todo ser porteado, y si a esto le sumamos que por el día dormía poco y por la noche se despertaba mucho, pues cuando pasan unos meses el cansancio se va notando.

Los primeros meses para mí fueron más fáciles, la euforia de la reciente maternidad, tener a tu bebé en brazos…. Me sentía muy afortunada de haber tenido el parto que había soñado y tener a mi bebé sano a mi lado.

La lactancia también se nos hizo bastante fácil, el trabajo previo de preparación, de mucho leer y ver vídeos había dado su fruto, me sabía la teoría y sólo había que ponerlo en práctica, aunque no me libré de las primeras grietas hasta que corregimos el agarre, pero no fue muy traumático.

Al principio no dormía muy mal, pero cuando empecé a trabajar, coincidiendo con los cambios de sueño que se producen en torno a los 4 meses empezaron los continuos despertares y luego vino la crisis de separación. Y cuando M cumplió el primer año mamaba cada 30-45 minutos o 1 hora como mucho, y como os podéis imaginar eso pasa factura.

Esas noches en las que quieres dormir porque a las 8.00h te vas a trabajar se hacen muy cuesta arriba, y lloras, lloras del cansancio, del agotamiento, de la falta de energía… Pero por la mañana sale el sol, amanece un nuevo día, ves la cara de tu bebé y vuelves a sonreír, y eso te da la fuerza para afrontar el nuevo día.

Pero poco a poco, todo vuelve a su ser, vuelve a despertarse cada 3 horas, a veces cada 5 y rara vez un regalito en forma de 7 horas del tirón que te hacen recargar pilas para 1 mes.

Pero cuando empiezas a ver la luz al final del tunel, cuando las ojeras son menos oscuras llega la pequeña O, con 26 meses de diferencia con su hermano mayor.

Habían pasado dos años desde que me estrenaba como madre, habíamos superado muchas cosas y vuelves a empezar. Vuelves a cambiar pañales, a estar día y noche con la teta fuera, pero no te importa, eres feliz porque nuevamente tienes un bebé en tus brazos, que para tí es el más bonito junto a su hermano, porque sientes que has completado tu familia y porque le has dado a tu hijo mayor el mejor regalo que puedes hacerle para toda su vida.

Pero los días pasan, el papá se va a trabajar y te quedas sola en casa, sola con dos bebés que te reclaman, dos bebés que necesitan de ti más que nunca. Para la pequeña eres su alimento y su seguridad, mientras que al mayor tienes que acompañarle a encontrar su lugar, a tomar su rol de hermano mayor y a gestionar sus emociones. Quiere jugar contigo como antes, como antes en el que papá y mamá sólo tenían ojos para él, pero ahora somos uno más y todos tenemos que adaptarnos.

Es cierto que los primeros 4 meses de la pequeña de la casa era comer y dormir, muy diferente a lo que habíamos vivido. Pero aún así las largas tomas de teta no te las quita nadie, y ahí es cuando tienes que aprender a gestionar dos hijos, uno que quiere jugar o se ha enfadado y otro que quiere comer, y ninguno espera, ninguno entiende de tiempos. Entonces buscas nuevos recursos, nuevas formas de juego, mientras la pequeña mama, al mayor le lees un cuento o lo que se te ocurra para que los dos tengan tu atención.

Pero luego toca momento baño, mientras cambias el pañal a la pequeña el mayor justo quiere también sentarse en el wc, y tienes una mano en el cambiador y con la otra le bajas los pantalones al mayor, y así vas saliendo del paso.

Y pasan los días, y a veces echas de menos tener un rato para ti, tener un rato en pareja, hablar con tu marido, salir a tomar algo con amigos… pero sabes que ellos te necesitan, sabes que solo será unos años, sabes que el día a día te compensa.

Pero a veces también lloras, porque estas agotada, porque llevas 3 años  sin parar, sin ver la tv, sin descansar, porque hay días que no te ha dado tiempo ni a ducharte, y sobre todo, porque necesitas dormir 5 horas seguidas y ver las cosas de otra desde otra perspectiva.

Aún así, a veces pienso como sería nuestra vida con un nuevo miembro, como sería ser familia numerosa. Pero ahí es cuando mi marido me recuerda lo díficil que es criar dos hijos, cómo se ha triplicado el trabajo de pasar de uno a dos, cómo para pensar en ampliar la familia.

Es cierto que la crianza es dura, los primeros meses, años… son difíciles, pero merece la pena, sobre todo cuando tienes al mejor compañero de viaje que hace que todo sea fácil, entonces todo merece la pena.

Rocío

 

3 comments

  1. ama_nece says:

    Q buen post! Q bonito final! Y q identificada me he sentido con eso de Q los primeros meses tiras con el subidon de hormonas y felicidad ☺ Para mí tb es más duro según se acumula el cansancio…
    Y por aquí el segundo tuvo cólicos y es APLV, así que lo primeros meses fueron heavys y había momentos en Q no podía atender al mayor, lo cual era muy doloroso para mí…
    Pero, como dices, el sol sale y ellos nos quitan y nos dan fuerzas 😂

    • admin says:

      Me alegra que te sientas identificada, a veces nos sentimos raras o parece que somos las únicas que nos sentimos así y es más fácil cuando haces tribu, cuando sientes cerca a otras mujeres pasando lo mismo que tú. Mucho ánimo!

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