Cuentos clásicos, por qué no.

Mi relación con los cuentos clásicos es de amor odio y en este post os cuento por qué. De mi infancia guardo un recuerdo muy bonito de los cuentos. Cada martes ponen un  mercadillo en mi ciudad, y cuando yo era pequeña mi madre cada semana puntualmente visitaba el puesto de los libros y me compraba un cuento que me daba a la salida del colegio.

Eran cuentos con pocas hojas con la forma del dibujo de la portada, y a mí que ya sabía leer, me hacían una ilusión tremenda. Y cuando estaba de vacaciones y podía acompañar a mi madre a comprarlo ya era la pera.

Tengo estos cuentos guardados como oro en paño. El sastrecillo valiente, El patito feo, Caperucita Roja… Fueron mis primeras lecturas por mí misma junto a los cómic de Mortadelo y Filemón y los tengo un cariño especial.

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