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Todo se acaba… y llegó el destete de la pequeña O

Cuando iniciamos la lactancia, el destete parece muy lejano, en estos momentos nos conformamos con conseguir un agarre correcto, con no tener grandes complicaciones con grietas o mastitis, o que logremos  superar las distintas crisis que aparecen durante toda la lactancia.

Pero los meses pasan y las lactancias finalizan, y eso que muchas veces te ha agobiado tanto, por estar todo el día con la teta fuera, por dolerte los pezones de tanto mamar o por no poder separarte de tu bebé ni día ni noche ni para ir al baño, pasa. Porque la crianza son etapas que se van quemando, y que cuando pasan solemos echarlas de menos, porque significa que tu peque ha crecido, y que ese momento nunca volverá. Aunque disfrutareis de muchos otros que vendrán.

El destete no es fácil, es una cosa de dos y siempre es uno el que toma la decisión, y suele ser la madre. Estas «quitando» una una cosa muy preciada para tu bebé y que llevas regalándoselo desde que nació, por lo que es lógico que no le va a gustar.

Por eso es muy importante que primero se conciencie la madre de lo que quiere hacer, cuando y cómo lo va a hacer, después se lo explique a su hijo y le acompañe en el proces. Será algo mas fácil y respetuoso, que el niño/a tenga una edad suficiente para explicarle lo que va a suceder, por ello no es lo mismo que tenga unos meses a que tenga 2 años.

Tampoco es fácil para la madre, tomar la decisión de quitar algo a tu hijo que sabes que le hace bien y que él tanto necesita.

En mi caso la lactancia ha sido una parte muy importante en como he vivido la maternidad, y un cambio en mi vida en general, que me ha hecho conocer a muchas familias y muchas historias.

Desde que me quedé embarazada de M tenía claro que quería conseguir una lactancia exitosa, después de la lactancia de M, y con toda la experiencia vivida y muchas otras experiencias a mi alrededor de lactancias frustradas y poco acompañamiento a las madres decidí junto con Arantxa formarme como Asesora de Lactancia, y luego vino la pequeña O, con quien viví una lactancia muy diferente a la de su hermano.

Una lactancia más complicada con un bebé de bajo peso. Una pequeña «bella durmiente» que no quería despertar para mamar, y con quien vivimos unas crisis mucho más intensas que consiguieron hacerme dudar de mi capacidad de amamantar, a pesar de la experiencia y formación previa.

Pero conseguimos superar mi objetivo inicial de llegar a los 2 años de lactancia, como indica la OMS, y que no había conseguido con su hermano, por unos meses. Superamos todas las crisis y viví una lactancia, aún si cabe, más intensa, más consciente.

Al nacer la pequeña O no regresé a mi trabajo, como si había hecho con su hermano, y como ella no quiso comer hasta pasado el año, la teta era aún más necesaria. Y aunque ella a las 13 meses empezó a ir a la guardería, el resto del tiempo seguía mamando con normalidad, hasta los 15 meses que decidimos hacer el destete nocturno, que como os contamos en otro post sólo afectaba a las «horas de descanso«, ella tomaba su pecho para dormirse, y luego «negociábamos» volver a mamar cuando saliera el sol, adaptando así la historia de la «teta cansada».

Llegó el verano, la pequeña O cumplió 2 años, y lejos de rutinas que nos marcaban «horas de teta«, (al volver de la guarde, al dormir la siesta en la cama, al acostarse por la noche en la cama…) y poco a poco fueron desapareciendo algunas tomas. 

En lactancia hay una frase muy conocida para los destetes que es la de «No ofrecer, No negar», y con ella las tomas se van espaciando y sobre todo el pecho va produciendo cada vez menos leche lo que ayuda a un destete gradual, para que la madre tampoco sufra ninguna complicación como mastitis.

Cuando finalizó el verano y volvimos a la rutina y ya sólo nos quedaba la toma de ir a dormir, la más difícil en mi opinión de quitar, pero también la más bonita y especial para nosotras. Un momento relajado al final del día, en el que paramos del ritmo que llevamos, conectamos con nuestro hijo y se relaja para conciliar el sueño.

La pequeña O ya tenía 29 meses, mi objetivo de cumplir la recomedación oficial de 2 años ya estaba superada y la toma nocturna estaba empezando a no ser agradable para mi.

Siempre he dicho que no me siento preparada para amamantar a un niño muy mayor, porque yo no me siento cómoda, aunque admiro a las madres que si lo consiguen. A esto sumado que al solo quedar una toma al día la pequeña parecía haber perdido el «reflejo de succión» hacía que me molestara al mamar, y ese rato que antes era feliz para ambas, para mi ya no lo era. Por ello tomé la decisión de llegar al destete definitivo, de una forma muy gradual y respetuosa, pero no alargarlo muchos meses más.

Las tomas del día creo suelen ser más fáciles de quitar, cambiando rutinas, con distracciones o negociaciones, pero las nocturnas suelen ser más complicadas. Por ello es importante que el niño sea más mayorcito y te permita hablar de ello con él, explicarle que ambos encontrarán otras formas de estar juntos y darse cariño, y para ello el libro de «La Fiesteta» de Miriam Tirado ha sido de gran ayuda.

Y como dice este cuento, una vez hemos superado esta etapa, y la lactancia ha finalizado, lo celebramos con un gran pastel de chocolate, velas y globos que puso el punto final a una de las experiencias mas bonitas de mi vida con mis dos hijos.

Rocío

2 comments

  1. Blanca M says:

    Me encanta el articulo, es super interesante y curioso, se lee genial con mucha fluidez. Estoy deseando leer más artículos vuestros, sois geniales.

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