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Todo tiene solución

Todo tiene solución, menos una cosa. Es una frase que me digo mucho a mí misma para poner las cosas en perspectiva y no perder los nervios ante las situaciones de la vida, y que creo que en la maternidad y la crianza es fundamental para lidiar con la culpa que muchas veces tiene la manía de acompañarnos.

Antes del verano, en los talleres de lactancia que impartimos, me vi repitiendo muchas veces a lo largo de mi exposición esta frase. Desde que nos quedamos embarazadas empezamos a recibir mensajes de lo importante que es todo.

Estar tranquila durante el embarazo, tener un parto natural, el primer contacto con tu bebé, el establecimiento de la lactancia durante las primeras horas, la no interferencia de biberones o chupetes, establecer un apego seguro, no sentar al niño… y así podría seguir eternamente.

Todos son mensajes ciertos con una evidencia científica detrás que los respalda. Y así explicamos en nuestras charlas cómo influye el parto en la lactancia, por qué el piel con piel tras el nacimiento es fundamental para un buen agarre, cómo las tetinas pueden llevar al traste la lactancia materna o la influencia del amamantamiento en el vínculo madre – hijo, entre otras muchas cosas.

Ahora bien, la realidad normalmente tiene muchos matices y no suele coincidir con nuestras expectativas. Cuando resulta que tu parto acaba en cesárea o te separan durante horas de tu hijo tras el nacimiento por una complicación imprevista o le han dado biberones en el hospital sin tu consentimiento, entonces ¿qué?

Ya os conté aquí que tuve un post parto complicado con mi primer hijo y estuvimos separados las primeras 15 horas de vida de mi bebé. No tuvimos piel con piel, ni agarre espontáneo y para cuando pude estar con él ya había tomado al menos 5 biberones. ¿Qué podía hacer? Podía haberme quedado pensando en todo lo que tenía que haber sido y no fue o podía ponerme manos a la obra. Yo quería dar el pecho, eso lo tenía claro así que esto último es lo que hice. Pedí que nos dejaran a solas y nos pusimos a recuperar el tiempo perdido.

Nos costó bastante corregir el agarre y sufrí grietas durante las dos primeras semanas hasta que lo conseguimos, pero en una semana teníamos lactancia materna exclusiva y nuestros momentos de teta fueron fundamentales para superar un parto y post parto complicados.

Con todo esto, no quiero decir que no te sientas fatal cuando algo falla. Tu parto no es cómo lo habías soñado, tu lactancia está siendo dura o te “has equivocado” sentando a tu bebé.

Es normal sentirse mal y no hay nada malo en ello, negarlo tampoco nos va a hacer bien. Pero una vez que te has permitido vivir la emoción, hay muchas cosas que están en nuestra mano y que solo nosotras podemos hacer.

Incluso si tiraste la toalla con el pecho, puedes intentar relactar y recuperar tu lactancia. Será más complicado y supondrá esfuerzo y constancia, sí, pero valdrá la pena si es lo que tú quieres.

La maternidad es una experiencia preciosa pero que conlleva algunas situaciones complicadas que serán más fáciles si contamos con una buena información y apoyo. Las cosas no se arreglan por sí solas, es nuestra responsabilidad ser proactivas y buscar soluciones. Porque todo tiene solución, menos una cosa.

Arantxa.

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