Planes en familia: balneario con niños

Hace un par de fines de semana disfrutamos de un puente en nuestra ciudad que siempre me gusta aprovechar para viajar. Como no es fiesta en toda España, los sitios turísticos no están masificados y los precios no están disparados. Además, el tiempo suele acompañar ya por estas fechas.

 

Este año habíamos organizado un viaje para ver a unos amigos en el extranjero, pero finalmente tuvimos que anularlo y nos quedamos sin plan a última hora. Preguntando a mi gente dónde podíamos ir, porque yo quería viajar sí o sí, me propusieron este plan de balneario con niños ¡¡y hemos vuelto encantados!!

No solemos hacer planes en los que venga todo incluido porque siempre nos gusta movernos y tener autonomía. Por eso, tampoco vamos mucho a hoteles, y desde que descubrí airnbnb hace un par de años, mucho menos.

En este caso hicimos una excepción y nos alojamos en el Balneario Sicilia en Jaraba, provincia de Zaragoza. Se encuentra en un entorno privilegiado, el valle del río Mesa. Cuando te vas acercando con el coche, el paisaje árido no te indica para nada el lugar tan bonito que esconde.

Este balneario se caracteriza por ser familiar, ofreciendo entre sus servicios actividades dirigidas para los niños, pero eso sí, mayores de 4 años. Nuestro peque, con 20 meses, se lo pasó en grande igualmente, pero tendrá que esperar unos añitos para darse un masaje 😉

Lo que más nos gustó además del entorno fue la comida, que era muy elaborada y con buenas opciones también para los niños. Además del menú disponíamos de un buffet de ensaladas que agradecíamos los tres para continuar nuestras buenas costumbres de vacaciones.

También encontramos algunos peros. El personal del balneario podría ser más amable y las instalaciones se ven un poco desfasadas. Aunque la limpieza era correcta, para mí la estética también es importante.

¡Pero vamos con lo mucho que disfrutamos! El primer día nada más instalarnos nos pusimos nuestros bañadores y albornoces y nos fuimos directos a la piscina. El agua estaba a una temperatura ideal así que A no tuvo problemas para bañarse. Siempre le cuesta un poco al principio, la frase que más escucho en la piscina es: “¡fía, mamá!” (fría, mamá).

Después de la comida, la siesta y otro rato en la piscina termal, por la tarde fuimos a dar un paseo por los alrededores. Nada más salir del hotel hay un parque precioso lleno de árboles con un montón de cauces de agua, cascadas y fuentes donde vimos ranas, cangrejos, libélulas… Y A no dejó de tirar piedras al río (truco para que un toddler pasee y no quiera ir en brazos todo el tiempo).

Al día siguiente aprovechamos el servicio de bicicletas gratuito del hotel y fuimos a dar un paseo en familia. Era la primera vez para A y le encantó. ¡Y nosotros nos entrenamos para este verano que nos vamos a Ámsterdam!

Después pasamos un rato en la piscina y por la tarde fuimos a visitar el Monasterio de Piedra que estaba a 20 km del balneario. Cogimos nuestra mochila ergonómica y con el peque a la espalda recorrimos el parque. Pero eso os lo cuento mejor en otro post, que lo merece.

El último día lo dedicamos a pasear, disfrutar de la piscina termal y yo aproveché la hora de la siesta para escaparme y darme un masaje relajante. Es una de esas cosas para las que nunca encuentras ocasión (y menos siendo madre) así que estando en un balneario ¡no iba a dejar pasar la oportunidad!

Nos hemos divertido, nos hemos relajado y también hemos disfrutado de la naturaleza. El peque no quería volver a casa, así que fueron unas buenas vacaciones 🙂

Arantxa.

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