Publicado el

Una forma diferente de ver animales

A raíz de una conversación que tuvimos A y yo leyendo el cuento ¡Al fin libres! que le regalamos a L por su segundo cumpleaños, decidimos buscar una forma diferente de ver animales.

En el cuento se narra con pop ups cómo viven algunos animales en la naturaleza y cómo lo hacen en cautividad cuando son capturados por los humanos para su uso y disfrute. Después de una experiencia que tuve en el zoo de Berlín hace muchos años, bastante antes de ser madre, en la que un gorila me miró a los ojos y sentí su tristeza infinita por ser tratado como un mono de feria, me prometí a mí misma no volver a pisar un zoológico o circo con animales.

Lo he cumplido a medias, porque con A hemos visitado Faunia y el zoo Koki. En estos centros no hay grandes mamíferos pero mi sensación siempre ha sido la misma. Así que cuando A me dijo que quería ver animales pero en su casa, no encerrados, me puse a buscar centros de recuperación de fauna salvaje que pudiéramos visitar.

Nunca había visitado ninguno, y aunque cuando estudié la carrera (soy ambientóloga) oí hablar de algunos, no recordaba mucho. Limité mi búsqueda a internet y encontré dos pero nos decidimos por Kuna Ibérica porque referían que tenían sitio al aire libre donde poder comer.

En cuanto pudimos salir después del estado de alarma, preparamos un picnic y nos fuimos para allá. Está situado en la entrada del pueblo madrileño Navas del Rey, cerquita de la Granja Escuela Giraluna que visitamos el año pasado. Sin embargo el entorno, al estar situado en un polígono con industrias no era tan natural como me había imaginado.

La entrada cuesta 8€ por adulto y 6€ niños mayores de 3 años.

El objetivo de estos centros es recuperar y ayudar a los animales salvajes que han sufrido accidentes a volver a su hábitat natural, solo los animales que son irrecuperables se quedan en el centro y son los que vemos en nuestra visita.

Tienen una buena representación de fauna ibérica: lobos, gamos, ciervos, corzos, zorros, erizos, búhos, águilas, jabalíes… y además, una zona de granja que es la que más disfrutaron A y L, donde pueden alimentar a cabras, cerdos, gallinas… con el pienso que puedes comprar a la entrada.

Antes de la pandemia tenían varias actividades y visitas guíadas, pero ahora están suspendidas. Yo eché de menos más información durante nuestra visita. Ya que no podemos tener un guía, unos paneles explicativos con la historia de los animales habría venido muy bien para ilustrar la visita. A me preguntaba acerca de cada uno, y a menos que fuera muy evidente como un ala rota o la falta de un ojo, era difícil saber porqué estaban allí y no en la naturaleza.

Aunque me pareció que las instalaciones tenían aún margen de mejora, la visita fue muy agradable, y A y L pudieron conocer e interaccionar con algunas de nuestras especies más significativas y lo pasaron en grande con las cabras que nos persiguieron durante toda la visita.

Para este otoño nos gustaría visitar otro centro de recuperación de animales, ya que hemos descubierto una forma de que los niños disfruten de los animales y nuestra conciencia esté tranquila, así que si conocéis alguno lo podéis compartir en comentarios. Gracias!!! 🙂

Arantxa.

Deja una respuesta

*