El uso de pantallas en casa de A (2ª Parte)

Al igual que contaba Rocío en este post, para mí este tema estaba claro desde que A estaba en la tripa. Había leído varios estudios que hablaban de los perjuicios del uso de pantallas en niños menores de 2 años y de su uso indiscriminado en niños mayores.

Un bebé está empezando a conocer el mundo, todo es nuevo para él, desde el movimiento de los objetos a sus texturas, sonidos… Si reemplazamos la observación del mundo real por el simulado por una pantalla en la que la velocidad de los fotogramas nada tiene que ver con la realidad, estaremos acostumbrando a nuestros hijos a un ritmo de estímulos que luego no podremos ni sabremos cómo gestionar.

Creo que la realidad, nuestro mundo, ya es lo suficientemente interesante de por sí, aportando todos los retos que un niño necesita para relacionarse y aprender. Claro que es mucho más cómodo enchufar a los niños a una pantalla que los absorbe y los anula. Y hay momentos en que un poco de tranquilidad es lo único a lo que aspiramos. Pero se trata de permitirles descubrir el mundo respetando sus ritmos, su inocencia y su naturaleza.

Queremos niños y adolescentes capaces de entretenerse, de pensar, motivados, creativos y con ganas de aprender, y al mismo tiempo los bombardeamos con nuestro ritmo frenético y mediatizado.

Siempre más y más rápido. Alejarlos de las pantallas brindará a nuestros hijos la oportunidad de aburrirse, de jugar, de observar, de inventar. Si queréis profundizar más, en el libro Educar en el asombro, Catherine L´Ecuyer nos cuenta por qué.

En casa no ha sido difícil apagar la televisión. Ya antes de ser madre solo la utilizaba para ver series o pelis, pero no estaba encendida por sistema. Aunque sí que es cierto que tuvimos que hacer el cambio de apagarla primero durante las comidas y ahora también durante las cenas.

Mientras A era bebé, y no mostraba interés por las pantallas veíamos alguna serie a la hora de cenar, pero desde que cumplió los 2 años su interés empezó a crecer hasta que me vi diciendo lo típico de “si no cenas apago la televisión”. Y me di cuenta de que empezaba a tener un niño embobado. La solución era simple y estaba al alcance de mi mano, apagarla y recuperar esos momentos para compartir en familia. El silencio que deja la televisión ahora lo llenamos con palabras y diálogo que de otra manera nos perderíamos.

No tenemos una regla no escrita de evitar la televisión a toda costa. Nos encanta ver una película juntos, es una forma más de cultura y de tiempo de ocio y una manera estupenda de pasar una tarde de lluvia en casa. Pero no me gusta la opción de la televisión como niñera.

Creo que es importante que el tiempo que un niño pasa frente a una pantalla esté acompañado por un adulto, que pueda guiarle y ayudarle a comprender lo que ve, así que desde que A cumplió los 2 años, en ocasiones puntuales vemos una película o algunos dibujos animados apropiados para su edad.

Al no tener costumbre de estar enfocado en una pantalla, las películas aún le cuestan y suele ponerse a jugar al rato, lo que a mí me parece genial. Y los dibujos los limitamos a media hora muy de vez en cuando (una vez por semana o cada dos), normalmente cuando está malito o llueve durante todo el día y no podemos salir.

Como ahora mismo a esta edad es una esponja, elegimos dibujos no solo con un ritmo y velocidad apropiados, si no que sean respetuosos y muestren comportamientos adecuados. Nada de insultos, faltas de respeto, peleas… De momento resulta fácil, supongo que cuando lleguemos a la etapa escolar será más difícil, por eso considero tan importante el acompañamiento. Porque siempre podremos explicarle que lo que estamos viendo no es apropiado y por qué.

Respecto al móvil, tabletas, etc. nunca se lo hemos ofrecido como método de entretenimiento y supongo que, por eso, no lo pide. No podemos evitar, aunque lo intentamos, mirar los nuestros y por supuesto tiene el suyo (uno viejo apagado) que sobre todo utiliza para simular que nos hace fotos (por qué será…) o para llevarlo con él cuando nosotros hacemos lo mismo. Con sus juegos de imitación nos recuerda lo enganchados que estamos los adultos y la necesidad de estar más presentes, sobre todo cuando estamos con él.

Solo serán niños una vez. Sin embargo, tienen el resto de sus vidas para decidir cómo pasan el tiempo. Hagamos que disfruten de su infancia, y vamos a disfrutarla también nosotros con ellos.

Arantxa.

Deja un comentario

*