¡Vamos a experimentar con bandejas sensoriales!

Hay una actividad que me encanta preparar para A y son las bandejas sensoriales. De los juguetes se acaban cansando. Aunque los vayas rotando no dejan de tener siempre la misma función y además es fácil que se queden obsoletos pronto porque el niño va superando etapas. Además la sensación de tener la casa llena de juguetes y que no juegue con ninguno a mí me agobia. Me parece tiempo y dinero perdido.

Sin embargo, las bandejas o mesas sensoriales, con un poco de imaginación o una búsqueda rápida en internet, siempre nos traen nuevas experiencias.

Son todo ventajas:

  • Son educativas. Incitan a investigar y a experimentar por su cuenta, a comprobar la resistencia o textura de los materiales, a hacerse preguntas y buscar respuestas…
  • Son baratas. Si tenemos tiempo y espacio podemos preparar una mesa de experimentación como ésta, por ejemplo, pero si no, también lo podemos hacer mucho más sencillo. En cualquier tienda venden las típicas cajas de plástico grande para la ropa, les quitáis la tapa y ya tenemos nuestra bandeja de experimentación.
  • Son evolutivas. Las actividades se pueden adaptar a la etapa de desarrollo en la que se encuentren nuestros hijos incluyendo nuevos materiales o nuevas actividades según veamos que su curiosidad y destreza va aumentando.
  • Son novedosas. Ninguna bandeja es igual que otra porque el uso que hagan nuestros pequeños siempre será diferente. Y sólo con la despensa de casa podremos ir añadiendo nuevos materiales, texturas…
  • Fomentan el juego libre y la imaginación. Aquí dependerá un poco de cómo sea nuestro hijo. Como siempre, debemos seguir al niño, observar y detectar sus intereses para presentarle actividades que le supongan un estímulo y un rato de entretenimiento además de diversión.
  • Nos dan un respiro. Estas bandejas suelen suponer un buen rato de concentración y entretenimiento en los que nosotras podremos relajarnos 🙂
  • Suelen ser fáciles de limpiar. Con poner una sábana vieja cubriendo el suelo en la zona de experimentación suele ser suficiente. Digo suele, porque si la bandeja es de harina, por ejemplo, y tu hijo se mete entero (como nos pasó a nosotros con la primera bandeja) después habrá que pasar por la ducha. También es importante dejar claros los límites indicando al niño antes de empezar cuál es la zona de juego. Por eso la sábana vieja, porque es lo suficientemente grande para que tengan espacio sin tener que estar continuamente interrumpiendo para que se ciñan a la bandeja.

En el caso de A, hasta ahora con 2 años y 8 meses, las actividades que más le gustan son las no dirigidas. Un puzzle lo hará una vez y lo dejará de lado, pero una bandeja de arena kinética o unas piezas de lego con las que construir e inventar le tendrán entretenido un buen rato. Así que las bandejas siempre nos han dado buen resultado con él.

La primera vez que se la presenté tenía un año recién cumplido y simplemente puse harina sin nada más. Acabamos todos en la ducha pero estuvo más de 1 hora concentrado, algo que hasta entonces no había ocurrido nunca.

Desde ese momento hemos trabajado con bandejas de lentejas, harina y arroz, harina y coches de juguetes, nieve artificial (agua fría más bicarbonato), espaguetis de colores…

Además del elemento principal, podemos añadir herramientas para que experimenten, como embudos o cazos en el caso de la harina, o tijeras en el caso de los espaguetis. Las posibilidades son infinitas. Si necesitáis inspiración, en este post os hablaba de la cuenta de Instagram A bussy toddler que propone ideas súper interesantes o la bloguera Estoreta también suele publicar una mesa de experimentación para cada estación del año. Yo tengo pendiente versionar ésta congelando varios juguetitos pequeños este verano y ésta con arroz de varios colores para aprovechar los colorantes de ésta otra actividad.

En fin, que si queréis tardes relajadas este verano, las bandejas o mesas sensoriales siempre son una buena opción para los peques y para nosotras 🙂

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