Visitas no, gracias

Es cierto que antes de ser madre, como pasa con muchas cosas, lo veía de otra forma. Al principio, con los primeros nacimientos de alrededor me acercaba al hospital a dar la enhorabuena a los padres y a conocer al bebé, aunque siempre he procurado que fuera una visita muy corta y molestar lo menos posible.

Con el tiempo me he ido dando cuenta que mejor dejar ese momento para la familia más íntima, y poco a poco fui prefiriendo acercarme a su casa pasadas unas semanas o quedar a tomar algo fuera, y creo que en esos momentos se agradece.

Incluso con mi última amiga que fue mamá, para conocer a su bebé y darles la enhorabuena, les invitamos nosotros a ellos a comer a casa pasado casi un mes y así que tuvieran un rato más relajado y vinieran a plato puesto y pasar un rato agradable.

Cuando una mujer acaba de dar a luz lo que menos le apetece es tener la habitación del hospital o tu casa llena de gente y más cuando son personas que no ves ni siquiera habitualmente.

Mucha gente, sobre todo las generaciones anteriores piensan que no ir al hospital está mal visto, o incluso estas mismas personas que no ves con frecuencia prefieren hacerlo en el hospital porque parece menos brusco que ir luego a su casa, si no tienen tanta relación o no lo hacen habitualmente.

Pero tanto si el parto ha sido complicado como si no, la madre y el bebé necesitan recuperarse de tanto esfuerzo y no están en el mejor momento para atender las visitas. Los inicios suelen ser duros, la lactancia, el postparto y sus hormonas puede ser un cóctel explosivo y es mejor estar en la intimidad y tranquilidad con tu pareja y tu hijo. Y así además evitas que todo el mundo de alrededor opine, que si el bebé llora porque tiene hambre, que le des un biberón y cosas así que no hacen ningún favor en esos momentos.

Cuando me tocó a mí eso de ser madre, fui bastante tajante con las visitas, si bien en el hospital no lo pude remediar mucho y me encontré con muchos compromisos familiares, intenté que no fuera igual en casa.

Aunque me sentía bastante bien tanto física como psicológicamente, me apetecía disfrutar tranquilamente de mi nueva familia de tres. No permití visitas el primer día a nadie, ni si quiera a los abuelos, creo que no se lo tomaron muy bien, o al menos no lo entendieron mucho, pero necesitábamos disfrutar solos de ese momento lleno de primeras veces, los dos solos con nuestro bebé. Después fueron viniendo a casa, por supuesto, pero dejé claro que no quería mi casa llena de gente todo el día, que necesitábamos tranquilidad y no hacía falta que vinieran todos los días.

Es normal que los familiares también quieran disfrutar del recién llegado a la familia. Pero en mi caso, somos una familia muy numerosa, vivimos todos a escasos minutos y aunque estamos muy unidos, necesitábamos esos momentos de tranquilidad y adaptación los tres solos.

Se trata de un momento delicado, tanto física como psicológicamente en las que los papás y el bebé tienen que adaptarse a su nueva vida y sólo deben estar pendiente los unos de los otros.

Los primeros días en casa con el bebé suelen ser muy intensos, las horas se pasan atendiendo al bebé, alimentarle, echarle los gases, cambio de pañal y vuelta a empezar. Los cuidados de los papás pasan a un segundo plano, y la casa a un tercer o cuarto… por lo que la mejor ayuda que te pueden dar es un tupper de comida, o ponerte una lavadora! No descuidar la alimentación es muy importante para sentirnos bien y recuperar fuerzas.

Por lo que mi consejo es que disfrutéis ese momento, que nadie os lo robe, que nadie opine y hacer lo que os apetezca.

Rocío

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