¿La segunda lactancia es más fácil? Mastitis, perla de leche… y más (2ª Parte)

Y otro año más llegamos a la semana de la lactancia con mucho que celebrar. Que cada vez somos más las madres informadas, que queriendo dar el pecho, lo conseguimos. Que la sociedad va cambiando su percepción y ver a una mujer amamantando es ya algo común en el paisaje de cualquier pueblo o ciudad. Que los medios de comunicación se unen y difunden las bondades de la lactancia sin dejarse engañar por la industria. ¡Que hasta tenemos emoticono en whatsapp!

Nosotras lo hemos querido celebrar con todas vosotras, las que estáis al otro lado, y para ello os hemos preparado todas las sorpresas que os contaba Rocío en este post. Mañana haremos la tetada y fiesta Holy en nuestro barrio, tendremos musicoterapia para bebés y un nuevo Taller de Lactancia. El viernes os contamos cómo ha ido todo y os enseñamos todas las fotos.

Aunque no todo es de color de rosa en la lactancia. Aún queda mucho mito por desterrar, mucho apoyo que brindar a las mamás y alguna que otra dificultad que superar cuando damos el pecho. Hace unas semanas os contaba en este post cómo está siendo mi segunda lactancia. En estos seis meses hemos pasado por más historias que en los 26 meses de lactancia anteriores con A. Afortunadamente con final feliz hasta ahora.

Las obstrucciones me están dando mucha lata. Ya las viví con A aunque en menor medida. Las obstrucciones son bultos que nos notamos en el pecho y que se forman por retención de leche cuando un conducto se obstruye. Aumentan de tamaño cuando tenemos el pecho lleno y disminuyen después de la toma. A diferencia de las mastitis no vienen acompañados de fiebre y escalofríos ni el abultamiento se pone rojo, pero también duelen.

Las últimas recomendaciones a la hora de tratarlos es poner al niño al pecho tanto como podamos vaciando la mama y dirigiendo el mentón del bebé hacia el bulto (esto suele funcionar casi siempre, pero yo también he conseguido drenar alguna obstrucción poniendo la nariz hacia el bulto, hay que ir probando distintas posturas), poner calor antes de la toma para facilitar la salida de la leche y frío después para reducir la inflamación.

En unas 48-72 horas el bulto debería desaparecer. Si no es así, consulta con tu médico o matrona.

Las últimas obstrucciones a las que he tenido que hacer frente, sin embargo, han sido diferentes. Tras tratar de drenarlas durante más de 24 horas sin conseguirlo poniendo a L con el mentón hacia el bulto en cada toma, al observarme aparecía un pequeño abultamiento blanco y redondo en el pezón. ¡Una perla de leche!

En estos casos hasta que la perla de leche no se rompe (bien sea pinchándola o por la succión del bebé durante una de las tomas) la obstrucción no desaparece. A la hora de pincharla se recomienda hacerlo con una aguja estéril después de aplicar calor y drenar el conducto a continuación. Si tú no te atreves, puedes pedírselo a tu matrona.

¿Pero qué es una perla de leche? Según nos cuenta Alba Padró en su libro Somos la leche hay dos tipos de perlas. Unas son blancas y redondas y se forman por un pequeño tapón de leche tras un poro del pezón. Duelen mucho, cómo si te clavaran una aguja en la zona de la perla. Esta perla, una vez rota, acaba siendo un pellejo blanquecino, después costra y por último se desprende. La causa de este tipo de perla suele ser de origen traumático: un tirón, un mordisco…

El otro tipo de perla es de color amarillento acompañado con dolor en toda la mama y su origen es bacteriano. En estos casos, lo mejor es acudir al centro de salud porque podría ser necesario un cultivo de leche para elegir el tratamiento más adecuado.

Mi perla era la del primer tipo, y en una de las tomas con la succión se reventó y la obstrucción se liberó. Fue todo un alivio aunque ahí no acabó todo. Durante unos días seguí sintiendo dolor cada vez que L se enganchaba hasta que se desprendió y se curó totalmente.

En mi lactancia anterior había oído a varias madres hablar de las perlas y de lo mucho que dolían pero hasta ahora no las había experimentado. Sin duda, la lactancia nos supone un reto continúo muchas veces, no solo físico, también respecto a nuestras convicciones.

Aunque cuando superas la dificultad, vuelves a estar convencida de que todo esto merece la pena, nuestros hijos merecen lo mejor de nosotras y, como dice Carlos González, les estamos haciendo un regalo para toda la vida.

Arantxa.

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